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Yo, la esposa sumisa
Fecha: 28/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Raquel30, Fuente: TodoRelatos
No se muy bien cómo empezar esta historia… supongo que desde el principio, ¿no? Pues ¡allá vamos! Soy una mujer de algo más de 40 años, casada desde hace casi 18 con mi marido que me saca un par de años. Siempre hemos tenido una gran relación, sin disputas ni problemas maritales. Tenemos dos hijos, ya en la adolescencia (¡bendita adolescencia! -léase esto con mucha, mucha ironía-). Hemos tenido, imagino que como muchas otras parejas, altibajos en nuestras relaciones sexuales; quiero decir, épocas en las que el sexo ocupa gran parte de nuestro tiempo juntos y otras en las que casi brilla por su ausencia. Desde prácticamente el inicio de nuestra relación, hace algo más de dos décadas, nos ha gustado experimentar y probar cosas diferentes; así pues, además de no ceñirnos a unas pocas posturas ni localizaciones, hemos disfrutado del sexo con otras parejas y hemos visistado algunos locales swingers. En uno de estos locales nos encontramos con una pareja con la que sentimos cierta conexión y compartimos parte de nuestra noche. Tomamos unas copas, anduvimos por el local viendo a otras personas mantener relaciones más o menos intensas, pasamos por una zona en la que había una chica tumbada en una cama y rodeada por varios hombres que la acariciaban, la penetraban por sus diferentes agujeros, la masturbaban y se masturbaban ante ella…(ahí me puse bastante cachonda). Acabamos los cuatro sobre una gran cama, empezamos a besarnos y a masturbarnos unos a otros (hubo otras ...
... personas interesadas en participar, pero la pareja con la que estábamos -más versada en estas lindes- declinó amablemente su presencia); le chupé la polla al chico de la otra pareja mientras ella hacía lo própio con la de mi esposo, pero además ella siempre tenía ocasión de tocarme y acariciarme (parecía que tuviera tantos brazos como un pulpo, ¡le daba para todos!). En un momento dado acabé cavalgando a mi esposo, con la fémina de la otra pareja acaricándonos y besándonos a ambos mientras que su pareja miraba y se masturbaba desde un lugar un poco más alejado. Ella empezó a azotarme fuertemente y ésto, lejos de molestarme, me azuzó más, me excitó sobre manera y me llevó a un orgasmo increíble. Estuvimos retozando por el local por algún tiempo más y cuando llegamos a casa aún tenía enrojecida la zona. Mi esposo alguna vez me había dado algunos azotes, pero sin llegar a enrojecer tan siquiera mis nalgas por más de unos pocos minutos. Al día siguiente estuvimos hablando al respecto y a partir de entonces introdujimos las nalgadas en nuestra vida sexual. Con el embarazo y crianza de nuestro primer hijo dejamos de lado nuestra vida sexual diagmos… “compartida”. En estos tiempos nos introdujimos en la cultura BDSM y, aunque poco a poco hemos ido adquiriendo más experiencia (y elementos 😅) no nos consideramos unos grandes conocedores de la misma. Digamos que estamos en un nivel “iniciado” y que hemos tenido y tenemos nuestras sesiones cuando se puede. Reconozco que me encanta ...