1. Yo, la esposa sumisa


    Fecha: 28/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Raquel30, Fuente: TodoRelatos

    ... de acuerdo debía actuar como jefe de familia, ordenándome hacer las cosas sin un “por favor” ni un “gracias” a continuación.
    
    Y… ¡aceptó! No os penséis que me dio una lista de tareas a realizar; nooooo, ni pensarlo… Simplemente me fue aleccionando paso a paso, azote tras azote…
    
    Poco después de dejarle la carta en su mochila, una tarde que disponíamos de nuestra casa para nosotros solos (nuestros hijos estaban “disfrutando” de alguna de sus actividades extraescolares) me hizo saber que estaba más que dispuesto a probar introducir la DD en nuestra relación. Así pues se sentó sobre el sofá y golpeándose suavemente la rodilla derecha me dijo mirándome a los ojos:
    
    No me esperaba en absoluto este gesto por su parte, así que mi cara de asombro os la podéis imaginar, aún así fui hasta donde él y me recosté sobre su rodilla, quedando mi cabeza y tronco sobre el sofá, los brazos bajo mi cuerpo, las piernas entre las suyas y mi culo en su regazo.
    
    Y así fue cómo me hizo conocedora del inicio de nuestra nueva relación D/s introduciendo la disciplina doméstica en nuestro matrimonio después de que leyera una carta que le había escrito explicándole a cerca de la DD y lo ideal que me parecía para ayudarme a salir del agujero emocioinal en el que me encontraba.
    
    La primera paliza no hizo que cambiara de opinión ni mucho menos a cerca de la DD en nuestro matrimonio, incluso diría que lo contrario, me pregunté el porqué no lo habría descubierto antes. Encontré que esa sensación de ...
    ... pertenercerle, haber de seguir sus órdenes, tener que mejorar por y para él era tremendamente satisfactoria para mi.
    
    Los siguientes días a esta azotaina estuve muy atenta con él, dócil y obediente. Cáda vez que él me daba alguna orden salían jugos de mi coño y me sentía muy dichosa por recibirlas. Mi esposo me tocaba mucho más que anteriormente, me sobaba el culo cada vez que podía (siempre procurando que nuestros hijos no anduvieran por la zona en la que estábamos), metía sus manos por mi escote para amasar mis tetas y pellizcar mis pezones, me levantaba la falda (un día abrí mi armario cuando volví de trabajar y encontré que los pantalones que tenía colgados en él habían desaparecido y a cambio varias faldas y vestidos ocupaban su lugar. Mis pijamas fueron sustituidos por camisones no muy largos. Mis bragas por tangas que dejaban al aire mis nalgas. Obviamente no me hizo falta preguntar ni tampoco realizar ningún comentario al respecto. Acaté de buen grado la orden que mi esposo me había dado de una forma silenciosa pero muy precisa: ningún trozo de tela debía interponerse entre mi coño y sus manos. Lejos de molestarme me sentí muy agradecida y eufórica porque se hubiera tomado las molestias de cambiar mi repertorio de ropa —¿A quien no le gusta estrenar?—) para follarme desde atrás a lo que me agachaba a recoger alguna cosa o para sacar algún utensilio situado en los armarios bajos de la cocina… También hacía que fuera a su despacho bien para follarme la boca bien para ...