1. La cajera del súper (2)


    Fecha: 28/09/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Adulto38, Fuente: CuentoRelatos

    ... lo hice con gusto. Puse jabón líquido en mis manos y se lo esparcí lento, disfrutando de esa piel suave, de seda. El instinto me ganó y le pasé también por sus nalgas. Apenas se las toqué, ella empezó a arquearse, sabía que yo estaba pronto para degustarla.
    
    Comenzó a acercarse, hasta que los labios de su concha tocaron la cabeza de mi verga. Estaba ardiente. Mientras la enjabonaba, se meneaba despacito, masajeándome la punta con su concha mojada. No pude resistir más: empecé a empujar suave, como pidiendo permiso. Y ella, sin oponerse, simplemente se fue abriendo, dejándome entrar.
    
    Cuando se la terminé de meter, soltó un gemido fuerte, delicioso, apoyó las manos contra la cerámica, arqueó el cuerpo un poco mas y me dijo con voz suplicante:
    
    —Cogeme fuerte como anoche.
    
    La tomé de la cintura y le di duro, rápido, sin contemplaciones. El agua de la ducha salpicaba por todos lados mientras mis embestidas la hacían gemir con un placer animal. Sus gemidos llenaban el baño, mezclándose con el ruido del agua. A veces le agarraba la cintura, otras me llenaba las manos con sus tetas mojadas, mientras mi pija entraba y salía de su concha apretada sin descanso.
    
    —Cogeme más… más… —me pedía jadeando, con la voz quebrada por el placer.
    
    Yo ya no aguantaba más. El cuerpo me ardía de calentura.
    
    —Me voy a acabar… —alcancé a decir.
    
    —Sí… sí… acabame, dale… llename de leche… —me gritó, desesperada.
    
    Exploté adentro de ella. Sentí cómo le descargaba toda mi leche en lo ...
    ... más profundo, mientras ella soltaba otro grito agudo, estremecida:
    
    —¡Ahhh… síii!
    
    Su concha me apretaba como una garra húmeda, ordeñándome hasta la última gota. Cuando finalmente me salí, ella se dio vuelta, me miró fija a los ojos y luego bajó la mirada hacia mi pija todavía palpitante. Sin pensarlo, se agachó y me la chupó despacito, limpiándome con la boca, como un broche perfecto para el mañanero más sucio y delicioso que había tenido en mi vida.
    
    Terminamos de bañarnos, relajados, casi riéndonos del calor del momento. Antes de salir, me dijo con naturalidad:
    
    —Voy a preparar el desayuno, ahí me esperás.
    
    Nos sentamos en la mesa de la cocina, todavía con el pelo húmedo de la ducha. Ella sirvió café y tostadas, todo con una naturalidad que me sorprendía después de la calentura desatada que habíamos tenido minutos antes.
    
    La charla fue tranquila, casi como si nos conociéramos de toda la vida. Reímos de pavadas, comentamos cosas del día a día, pero en medio de esa calma me soltó, mirándome seria:
    
    —Quiero dejarte en claro algo… esto es solo por hoy. No se va a repetir. Yo quería sacarme las ganas contigo, nada más.
    
    La miré y asentí, sin dudar. Yo estaba en la misma sintonía, recién divorciado, sin ganas de compromisos ni de historias largas. Lo mío también era simple: disfrutarla, aunque fuera una sola vez, quemar ese deseo animal que nos había explotado encima.
    
    —Estamos iguales entonces —le respondí, con una sonrisa tranquila.
    
    Con las cartas sobre la ...