1. Él quiso recibir entrenamiento privado, y lo complací.


    Fecha: 28/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Autor: Martehijodejupiter, Fuente: SexoSinTabues30

    Tengo un participante en mi gimnasio, que me dijo que desde que era pequeño nunca ha podido hacer bien, los ejercicios físicos, no importa lo mucho que se esforzase, por una razón u otra siempre le salían mal. Para colmo de males, como en todo gimnasio, hay un grupo de hijos de la gran puta, que siempre que él se encontraba tratando de ejercitarse, cuando no era que le decían, señorita o jovencita, es que se ponían a vacilarlo, haciéndole vulgares insinuaciones. Él es uno de los nuevos clientes de mi gimnasio, pero desde que lo vi, por primera vez, me llamó la atención, algo en él me atraía, aunque nunca se lo comenté. Pero recientemente me pidió que le entrenase, pero de manera individual, sin la presencia de más nadie, ya que por lo que me dijo, hay un grupo de personas dentro del gimnasio, que se la pasaban vacilándolo, faltándole el respeto, tratándolo como si él fuera una chica. Cosa que en parte no los culpo, ya que el cuerpo del es bien llamativo, y a simple vista, cualquiera lo puede confundir con una chica, por sus llamativas nalgas, estrecha cintura, su abundante y larga cabellera casi rubia, y unos pechitos que parecen téticas. Luego de que llegamos al acuerdo que él entrenaría, después de que yo cerrase el gimnasio, le dije. “Ya sabes si te voy a entrenar, me tienes que obedecer en todo, y no te preocupes si al principio los ejercicios no te salen perfectos, lo primero es lo primero, y eso es que sepas seguir instrucciones, al pie de la letra.” Desde las ...
    ... primeras sesiones, lo dejaba exhausto, por los tantos ejercicios que lo ponía hacer, pero como a la tercera sesión, comencé a corregir su postura, colocando mis manos ya fuera en sus muslos, sus brazos, su pecho y en ocasiones hasta en sus nalgas. Cosa que me di cuenta, que lo ponía algo nervioso, el sentir como mis dedos presionaban su suave piel, y sus débiles músculos, ya en la cuarta sesión, apenas comenzó a realizar los ejercicios, lo detuve de inmediato, diciéndole. “No te estas esforzando demasiado, además esa ropa que traes puesta, lejos de facilitarte hacer los ejercicios, te obstaculiza. Así que quítatela, para poder determinar que realmente estás haciendo mal.” Él, tardó unos segundos, pero de inmediato le recordé, que había quedado conmigo en seguir mis instrucciones al pie de la letra. Por lo que, como a esa hora, no había más nadie en el local, rápidamente se quitó la holgada sudadera que cargaba puesta, por lo que algo avergonzado de su cuerpo, ya que además de ser sumamente pálido, sus pechos parecían más bien, un par de téticas. En ese momento quedo únicamente con sus pequeños interiores puestos, los que se le enterraban entre sus nalgas, nuevamente comenzó a realizar los ejercicios, y en el momento en que se encontraba más concentrado, me coloqué de tras de él, lo agarré con fuerza, por las caderas, y pegando mi cuerpo al del, al tiempo que le dije. “Ahora separa las piernas, y comienza a agacharte lentamente”. Cosa que fue haciendo al pie de la letra, pero apenas ...
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