1. Seis Hombres


    Fecha: 29/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    Pasaron varios minutos sin moverse, sin hablar, pero respirando agitadamente.
    
    El calor se aferraba a la piel de ambos como una segunda costra, y el silencio —cargado de zumbidos, humedad y una ansiedad contenida— se convirtió en una cortina de respiraciones agitadas. Ninguno de los dos dijo nada, pero la pequeña no lloraba.
    
    Él podía sentir a plenitud su interior. No solo en su verga, sino en sus testículos, donde gotas de lo que él intuía era sangre caían, como un resultado de la presión sobre la recién desvirgada vagina.
    
    Se puso de pie, solo tuvo que colocar una mano en su pequeña panza para evitar que se cayera. Camino con ella y con cada paso la verga se movía en su interior. Entraron a la oficina del General, que más que oficina era una pequeña choza adornada con un techó de zinc en medio de la selva. La orden estaba hecha, la niña ya había sido desvirgada.
    
    La pequeña se quejaba, pero sin llorar, por dentro tenía incrustada una verga que le hacía un bulto en su panza. El General siempre imponía algo más que respeto: era como si su sola presencia arrancara partes de con quien se encontraba, dejándolos siempre al descubierto.
    
    Cuando entraron, los escaneó con esos ojos fríos que parecían diseccionar antes de escuchar. Dejó lo que estaba haciendo —una carpeta a medio firmar, un informe que fingía leer— y se levantó con gesto medido. Felicitó a Manrique por la tarea cumplida, con esa voz que nunca subía de tono pero siempre dejaba claro quién ...
    ... mandaba.
    
    Luego, su mirada se detuvo en ella.
    
    No fue una mirada cualquiera. Fue precisa, prolongada… y desplazada.
    
    Su atención rápidamente bajo, lenta e ineludible, hacia donde él ejercía su autoridad y allí posó sus ojos. No necesitó palabras. El silencio hizo todo el trabajo.
    
    La inspeccionó. La vagina de la niña totalmente abierta albergaba una verga adulta en su interior.
    
    Pero no decía nada. Solo tragaba en seco la acumulación de saliva que le generaba el hecho, mantenía la postura. En ese lugar, el miedo se disfraza de obediencia. Y ella, como tantas otras, sabía exactamente cómo se sobrevive.
    
    El General, sin dejar de mirarla, dijo entonces con esa calma que parecía ley escrita:
    
    —Manrique, necesito que salgas un momento.
    
    Hubo un leve titubeo. Apenas un segundo. Pero lo hubo.
    
    Luego, obedeció. Alzó a la niña que frunció el ceño a medida que la verga de Manrique se deslizaba fuera de ella, se la pasó al General, indicándole que probablemente no podría mantenerse en píe. Luego, se alejó. Cerró la puerta con suavidad, como si intuyera lo que dejaba atrás.
    
    La niña sollozando, pero sin llorar, abrazó al general quizá en busca de protección, sus nalgas descansaban en el antebrazo del General. Solos, en aquella oficina que olía a humedad, papeles viejos… y poder mal repartido.
    
    El General sonrió apenas, sin alegría. Más bien como quien ya ha tomado una decisión.
    
    —Tú también quieres que yo lo haga, ¿no es cierto?
    
    Su voz era baja. No intimidante. La niña alzó su ...
«123»