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Una noche en Buenos Aires II
Fecha: 01/10/2026, Categorías: Hetero Autor: Angelguti, Fuente: TodoRelatos
... —rogó, y él obedeció. Sus dientes dejaron marcas rojizas en la piel de ella, mientras su lengua alternaba entre lamer, succionar y morder. Isabel temblaba, cada gemido era más profundo, cada jadeo más sucio. Luego guió su boca hacia el otro pezón, que recibió la misma devoción salvaje. Mientras tanto, ella alcanzó el vibrador, lo encendió y lo deslizó hasta el cuerpo de José Luis, que se estremeció al sentir el frío inicial seguido del calor de las vibraciones. —¿Confías en mí? —preguntó, con una dulzura peligrosa. —Sí… hazme tuyo —respondió, casi sin aire. Isabel sonrió, satisfecha. Insertó el juguete con lentitud, observando cada reacción de su amante. José Luis jadeaba, su cuerpo se arqueaba, cada músculo vibrando al ritmo del aparato. Lo tenía completamente bajo su control. —¿Te gusta, mi sumiso? —preguntó, y la palabra lo estremeció. —Sí, ama… me encanta —respondió con la voz rota, entregado. Isabel lo cabalgó suavemente, sus pechos oscilando sobre su rostro. Él los tomó con la boca de nuevo, desesperado, mientras el vibrador trabajaba dentro de él, provocándole gemidos nuevos, incontrolables. La mezcla de dolor, placer y sumisión lo estaba llevando a un límite que nunca había conocido. El orgasmo se acumulaba en él como una tormenta, y cuando Isabel subió la intensidad del vibrador una vez más, su cuerpo se tensó. Con un grito ronco, se corrió, su semen brotando caliente sobre su abdomen. Isabel apagó el juguete con delicadeza y lo retiró ...
... despacio, mientras José Luis se quedaba jadeando, sudado, desarmado por completo. —Ahora me toca a mí —dijo ella con una sonrisa, y se sentó sobre su cara. Él la recibió con gratitud y deseo, su lengua deslizándose por su clítoris como si fuera su razón de existir. Isabel se acariciaba los pechos marcados, sintiendo aún el ardor delicioso de sus mordidas, mientras cabalgaba su boca. Se masturbaba mientras él la devoraba, y su orgasmo llegó rápido, intenso, brutal. Su cuerpo se arqueó, sus caderas se movieron sin control mientras gritaba su nombre, con una mezcla de éxtasis y liberación absoluta. —Mírame —ordenó, bajando el rostro de él con ambas manos—. Mírame mientras me corro por ti. Y cuando sus ojos se encontraron, Isabel llegó. Un orgasmo húmedo, largo, que la dejó sin aliento. Gritó su nombre como un rezo, como una maldición bendita. Minutos después, lo desató con lentitud. José Luis la abrazó sin decir nada, aún con la respiración agitada. Se quedaron pegados piel con piel, los cuerpos entrelazados, los corazones desbocados. —¿Te gustó? —preguntó ella, con una dulzura que contrastaba con la dominación anterior. —No tengo palabras… —susurró él—. Me has llevado a un lugar del que no quiero volver. Isabel besó su frente, satisfecha. —Esto fue solo una puerta —dijo, rozándole la mejilla con la yema de los dedos—. Y hay muchas más que quiero que abramos juntos. Él asintió, sin miedo. Había descubierto un lado suyo que no conocía… y lo había ...