1. Plumas y Deseo


    Fecha: 05/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Asharte, Fuente: TodoRelatos

    El padrastro se movió con la precisión de un artista, cada gesto calculado para intensificar la vulnerabilidad de Susana. La habitación, iluminada por la tenue luz de las velas, olía a cera derretida y a la dulce anticipación del placer. Susana yacía en el centro de la estancia, su cuerpo atado con cuerdas de seda negra que se ceñían a su piel como una segunda piel. Sus muñecas estaban sujetas a los postes de la cama, y sus tobillos separados, dejándola expuesta y completamente a merced de su amo. Su respiración era rápida, entrecortada, mientras sus ojos seguían cada movimiento del padrastro con una mezcla de miedo y deseo.
    
    —¿Estás lista para lo que viene, Susana? —preguntó él, su voz calmada pero cargada de autoridad.
    
    Susana asintió, su garganta seca. —Sí, amo.
    
    El padrastro sonrió, una expresión que no llegaba a sus ojos. Tomó una pluma de avestruz de un pequeño cofre junto a la cama. La pluma era suave, casi etérea, y cuando la pasó por el cuello de Susana, ella tembló. La sensación era eléctrica, como si miles de mariposas se posaran sobre su piel. El padrastro trazó un camino lento desde su cuello hasta su pecho, deteniéndose en la curva de sus senos, donde la pluma jugueteó con sus pezones erectos. Susana gimió suavemente, su cuerpo arqueándose ligeramente contra las ataduras.
    
    —Quietud —ordenó él, y Susana se relajó, aunque su corazón latía con fuerza.
    
    La pluma continuó su viaje, bajando por su vientre, rozando el ombligo y deteniéndose en el borde de su ...
    ... sexo. Susana contuvo la respiración, cada fibra de su ser alerta. El padrastro observó su reacción, disfrutando de su poder sobre ella. Con un movimiento deliberado, pasó la pluma por el interior de sus muslos, haciendo que Susana se retorciera ligeramente. Su sexo estaba húmedo, el aroma a deseo llenando el aire.
    
    —Tan sensible, Susana —murmuró él, su voz ronca.
    
    Sin previo aviso, el padrastro cambió la pluma por un vibrador pequeño y elegante. Lo encendió en su nivel más bajo, y Susana jadeó cuando lo presionó contra su clítoris. El zumbido suave pero constante la hizo temblar, y sus caderas se movieron instintivamente hacia la fuente de placer. Él mantuvo la presión, moviendo el vibrador en círculos lentos, llevándola al borde del éxtasis antes de detenerlo abruptamente.
    
    —No aún —dijo, su voz firme.
    
    Susana gimió de frustración, su cuerpo anhelando la liberación que se le negaba. El padrastro sonrió, satisfecho con su reacción. Tomó una segunda pluma, esta vez más gruesa, y la pasó por la parte interna de su brazo, desde el hombro hasta la muñeca. La sensación era distinta, más intensa, y Susana se mordió el labio para no gritar. Él repitió el proceso en su otro brazo, luego en sus piernas, cada toque calculado para mantenerla al borde de la locura.
    
    —¿Quién eres, Susana? —preguntó él, su voz cortante como un cuchillo.
    
    —Soy tu esclava, amo —respondió ella, su voz temblorosa pero clara.
    
    —Y ¿qué hace una esclava? —insistió él.
    
    —Obedece, amo —susurró ella, ...
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