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LA TRÍADA - Una madre dividida entre 2
Fecha: 07/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... giró la cabeza, buscando la mirada de Diego, su joven hijo que la observaba con ojos encendidos y el pecho agitado. —Y tú, Diego hijo mío… tú me das lo que nadie más puede: juventud, intensidad, la locura de lo prohibido. Tu sabor me embriaga, tu dureza me vuelve adicta. Cuando estás en mi boca siento que no hay final, que podría perderme en ti para siempre. Eres hambre, eres deseo puro, eres la chispa que me recuerda que aún puedo desear como una muchacha. Cada gesto tuyo despierta en mí un vértigo que se entrelaza con miedo y placer. Tus manos sobre mi piel me queman, me atraen, me dominan sin cadenas, y aun así me rindo. Siento cómo mi mente se disuelve en la urgencia de tus caricias, cómo mi cuerpo se inclina, se curva, se abre y se entrega con la certeza de que contigo no hay reglas, no hay límites, solo esta intoxicación de deseo que me arrastra sin remedio. Eres fuego y tormenta, Diego… y yo quiero que me consumas, que me des todo lo que puedo soportar y un poco más, para después reconstruirme en cada beso, en cada embestida, en cada suspiro compartido entre jadeos y miradas que arden. Contigo aprendo que el placer no conoce fronteras, y que incluso en la locura de lo prohibido puedo encontrar una libertad que nunca supe que necesitaba. Diego sonrió, orgulloso, acariciándole el cabello como si quisiera marcarla también con su posesión. Isabel subio la mirada hacia los dos falos que palpitaban frente a ella, tan distintos y al mismo tiempo tan necesarios. Los ...
... acarició con ambas manos, una para cada uno, masturbándolos lentamente mientras gemía. —Los dos son diferentes… —continuó, con la voz temblorosa de placer—. Alejandro me da el fuego que me consume. Diego me da el hambre que me devora. Y los necesito a los dos. Se inclinó lentamente, dejando que su cuerpo se moviera con fluidez entre ellos, arqueando la espalda y dejando que cada curva se mostrara a plena vista. Primero tomó a Alejandro entre sus labios, cerrándolos suavemente alrededor de su glande mientras su lengua lo recorría con lentitud, explorando cada venita, cada detalle, disfrutando del sabor salado y del calor que emanaba de él. Cada gemido de Alejandro se filtraba en sus oídos, mezclándose con su propio deseo y haciéndola estremecerse. Después giró la cabeza con delicadeza, manteniendo la firmeza de su boca en él mientras sus ojos se encontraban con los de Diego, que la observaba con respiración agitada y manos temblorosas. Su lengua se extendió sobre el miembro del joven, atrapando el néctar que aún goteaba y mezclándose con su saliva, mientras sus labios lo chupaban con avidez, succionando y acariciando, jugando con la firmeza y la tensión de Diego hasta hacerlo temblar. Sus manos no permanecieron quietas: una recorría los muslos de Alejandro, apretando suavemente su trasero, mientras la otra masajeaba los testículos de Diego con delicadeza y ritmo, alternando entre caricias suaves y pellizcos que aumentaban la excitación de ambos. Cada movimiento suyo ...