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LA TRÍADA - Una madre dividida entre 2
Fecha: 07/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... Isabel tan cerca, inclinada frente a él, con ese culo que parecía llamarlo a pecar, una erección se dibujó con fuerza bajo sus pantalones. La tela se tensaba y cada respiración le recordaba lo prohibido y excitante del momento. La familiaridad de su relación de madre e hijo hacía que la tensión fuera aún más palpable: conocía cada curva, cada movimiento e inclusive su interior previo a su nacimiento, aunque él no lo recordara y aun así Isabel lo sorprendía, provocando en él un deseo tan intenso como eléctrico. Diego se deslizó por detrás de Isabel con movimientos medidos, casi imperceptibles, hasta quedar pegado a su espalda. Ella seguía estirándose sobre la mesa de cristal, cada estiramiento acentuando la redondez perfecta de sus nalgas y la curva de su culo. Su erección llego primero antes que cualquier contacto de sus manos: presionaba firmemente justo en medio de sus enormes glúteos, tensando el diminuto short de licra rosa que apenas contenía su carne generosa. Isabel se arqueó apenas, un estremecimiento recorriendo todo su cuerpo, y susurró sin voltear: —Mmm… esa forma… incluso sin tocarlo puedo decir que eres tú, Diego. El joven de 19 años, delgado pero seguro de sí mismo, dejó escapar una sonrisa traviesa. Su mirada recorría cada curva, cada pliegue de la licra, cada centímetro de su culo expuesto, mientras la presión de su entrepierna contra ella parecía un juego prohibido que ambos disfrutaban. —Jeje… pareciera que tienes el mismo tacto en las manos ...
... que en tu culo mamá —murmuró, con un hilo de voz cargado de deseo, provocando un escalofrío que se extendió por la espalda de Isabel. Ella sintió cómo el calor de su cuerpo se mezclaba con la presión de su hijo, cómo la licra cedía apenas ante la rigidez que rozaba sus nalgas, y un suspiro más profundo se escapó de sus labios. Cada respiración compartida, cada roce involuntario, hacía que su corazón latiera con fuerza, encendiendo un fuego silencioso que ningún gesto cotidiano había logrado antes. La cocina, el trapo, la mesa de cristal… todo desaparecía, dejando solo la tensión eléctrica entre ellos, un juego de miradas, suspiros y contacto prohibido que prometía infinitas posibilidades de placer. Diego se mantenía firme detrás de ella, su erección presionando con fuerza contra el centro de sus nalgas, tratando de llegar al botón oculto entre sus enormes montañas de carne, haciendo que el diminuto short de licra rosa de Isabel cediera apenas, marcando cada curva de su culo descomunal. Isabel seguía inclinada sobre la mesa de cristal, cada estiramiento acentuando la redondez perfecta de sus nalgas, que parecían hechas para ser admiradas, deseadas y masturbarse con ellas. La presión de Diego contra su carne provocaba un cosquilleo intenso, un calor que se extendía por todo su cuerpo. Ella dejó escapar un suspiro, conteniendo la mezcla de sorpresa y excitación, y murmuró con voz juguetona: —Vaya… parece que tu atención no se pierde en cualquier cosa… está bastante ...