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LA TRÍADA - Una madre dividida entre 2
Fecha: 07/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... grande, tan firme… tan tuyo… parece hecho para que lo agarre, lo muerda, lo reviente a mi antojo mamá. Isabel arqueó las caderas nuevamente, provocando que la presión se intensificara, y un pequeño estremecimiento la recorrió de pies a cabeza. Sus manos se tensaron sobre la mesa mientras murmuraba, casi entre jadeos: —Si esto es solo… así… no quiero ni imaginar qué pasaría si te acercaras un poquito más. Diego sonrió contra su nuca, disfrutando de cada reacción, cada temblor, cada suspiro que su madre le regalaba. Su erección pulsaba con fuerza en el centro de su culo, cada latido intenso haciendo que el diminuto short de licra rosa se tensara aún más, marcando cada surco, cada redondez de su trasero descomunal. La presión rítmica era imposible de ignorar; Isabel sentía cómo el calor se extendía por todo su cuerpo, despertando un deseo que la hacía arquear la espalda inconscientemente. —Diego… —susurró, con un hilo de voz tembloroso—. Esto me calienta muchísimo, pero… —Pero qué —preguntó él, jadeando con cada pulso de su erección contra sus nalgas, sintiendo cómo Isabel reaccionaba con cada latido. —Si vas a hacerlo… recuerda que solo puedes usar “la salida trasera” y… —dijo Isabel, arqueando levemente las caderas, dejando que cada pulso de Diego hiciera temblar su trasero gigante. —Sí Je-je… tranquila, solo la salida trasera… pero con ganas… —murmuró él, con la voz cargada de deseo. Cada pulsación de su erección contra su enorme culo era como un ...
... golpe rítmico de electricidad; la licra rosa apenas contenía la magnitud de nalgas, haciendo que cada movimiento de Isabel sobre la mesa de cristal se sintiera más sensual, más prohibido. Sus nalgas se redondeaban y se estiraban con cada pulso, y un escalofrío recorría su espalda, haciendo que su respiración se volviera más profunda y entrecortada. —Si sigues así… —susurró Isabel, con un temblor apenas perceptible—. Voy a perder el control. Diego respondió con un suave jadeo, disfrutando de cada reacción involuntaria de ella, de cada movimiento de sus caderas que buscaba inconscientemente el contacto de la erección del pene que ella había formado en su vientre hace tantos años. La tensión era casi insoportable: cada pulso, cada roce, cada temblor de Isabel convertía la cocina en un espacio cargado de erotismo absoluto, donde solo existían sus cuerpos y la pulsación insistente que recorría el centro de su culo gigante, haciéndola estremecer y desear más con cada segundo que pasaba. Finalmente, los dedos de Diego se deslizaron con firmeza bajo el borde del short de licra rosa. El elástico cedió lentamente, como si resistiera abandonar la piel que abrazaba. Poco a poco la tela descendió, dejando escapar la plenitud de sus caderas, y luego la inmensidad de sus nalgas, que quedaron desnudas frente a él. El contraste era perturbador: la superficie fría y casi transparente de la mesa sostenía el peso de su cuerpo inclinado, mientras el calor vivo de su culo parecía arder ...