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LA TRÍADA - Una madre dividida entre 2
Fecha: 07/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... pasión que llenaba la cocina. Su respiración era rápida y entrecortada, su piel húmeda brillando con sudor, y su cuerpo entero parecía vibrar con cada choque, con cada fricción, con cada movimiento simultáneo que los unía más y más a todos en un solo ritmo de éxtasis. —Sí… eso… así… ¡oh, Dios! —gritó Isabel, arqueando la espalda al límite, sintiendo cómo ambos falos la llenaban completamente, explotando cada terminación nerviosa, cada centímetro de su cuerpo—. ¡Los dos… me están matando! Cada embestida, cada roce, cada presión de los dedos sobre sus caderas y nalgas la llevaba al borde de un abismo de placer. Isabel se sentía desgarrada por la intensidad, atrapada en una ola que la consumía, mientras su mente se rendía ante la realidad de que ella era la dueña del momento, el catalizador de la pasión de los dos hombres. Sus senos enormes se movían violentamente con cada vaivén, sus pezones rozando y presionando la piel de Alejandro, mientras su trasero se ofrecía sin resistencia, y su coño se ajustaba al de Diego con una perfección que la hacía gemir con fuerza, gimiendo, llorando de placer y pérdida de control. Finalmente, la tensión se volvió insoportable. Su cuerpo temblaba, sus caderas se arqueaban en cada dirección, y un orgasmo devastador la atravesó de pies a cabeza. Gritó, chilló, jadeó y se retorció entre ambos, sintiendo cómo sus músculos se contraían alrededor de los miembros que la poseían, tragando, atrapando y encajando a la perfección la virilidad ...
... de ambos. Alejandro y Diego también habían llegado al límite, sus cuerpos temblando mientras vaciaban su semilla dentro de ella, inundándola por completo. La sensación de ser poseída por ambos, saturada por su placer, la dejó temblando, con la respiración entrecortada y la mente perdida en el éxtasis. Con cuidado, ambos hombres comenzaron a bajarla, sosteniéndola mientras sus músculos aún vibraban de la intensidad de la doble penetración. Una vez que la pusieron sobre el piso, no se separaron de ella; sus manos continuaban recorriendo cada curva, cada centímetro de piel. Alejandro manoseaba sus senos enormes, acariciándolos y besándola con pasión, mientras Diego descendía, llevándose su rostro hacia su sexo aún húmedo, lamiéndolo con destreza y comenzando a masturbarla con ritmo firme y sensual. Isabel gimió, arqueando la espalda mientras sus manos se aferraban al cabello de ambos hombres, sintiendo cómo cada caricia, cada lengua, cada empuje de dedos la llevaba más allá del control. Fue solo cuestión de tiempo: sus ojos se abrieron con un brillo perdido, la respiración jadeante y desordenada, y un gran chorro de néctar brotó entre sus piernas, empapando las manos y el rostro de Diego mientras su cuerpo se contraía sin poder contener el orgasmo. Finalmente, los tres cayeron exhaustos sobre el piso de la cocina, sus cuerpos sudorosos y pegajosos, con Isabel todavía en el centro. A pesar de que sus erecciones se habían relajado, sus pelvis se movían ligeramente, un ...