1. La mujer de mi compañero de piso


    Fecha: 09/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: solitario77free, Fuente: CuentoRelatos

    ... hinchaba y palpitaba con cada gemido mientras la sobaba contra su muslo.
    
    Estaba encantada con mi boca en sus tetas, a pesar de chuparlas con dureza e incluso morderla cada tanto que perdía el control, ella solo reaccionaba con un gesto de “me encanta” y apretaba mi cabeza sobre esos hermosos senos que acababa de conocer pero que devoraba como frutas exquisitas, deslicé mis manos por sus muslos sin dejar de comerle las tetas, apreté sus nalgas y me puse de rodillas rápidamente frente a ella, instintivamente temeroso que se cortara el momento ante la petición del preservativo, separé sus piernas e ingrese con premura, con una exactitud que celebro.
    
    Le introduje toda mi verga a lo que ella reaccionó arqueándose y ofreciéndome su conchita empujando hacia mí, ya estaba dentro, la sensación era casi indescriptible, el calor y la humead de su sexo no me permitían dejar de embestir con lujuria, levanté sus hermosas piernas sobre mis hombros admiré de cerca esos deliciosos pies que había incluido en mi ranking personal de mi afiebrado fetichismo.
    
    No cesó la intensidad pero me encandilé con sus hermosos pies y empecé a lamerlos y chupar sus dedos, ella solo atinaba a gemir y jadear cada vez con más fuerza y se vino descontroladamente lanzando un fuerte grito y estremeciéndose hasta la agonía.
    
    Me eche a su lado y abrace su cuerpo aún tembloroso desde atrás, dejando descansar mi verga entre sus nalgas, reaccionó ante su dureza y se giró rápidamente para montarla, ese momento ...
    ... es uno que reproduzco en mi mente con más frecuencia de la pudiera aceptar.
    
    Esa mujer era un espectáculo montado, nunca usó las manos para metérsela hasta el fondo cuando se montó, ni ninguna de las veces que mi verga escapó de su vagina por la intensa humedad que nos habíamos provocado.
    
    Manejaba los tiempos de penetración con una maestría difícilmente encontrada en una mujer, la recorría de la punta a la base, acariciándome la verga con sus paredes vaginales, embestía fuerte y cuando estaba a punto de llenarla completa, se detenía y doblaba mi sexo como una palanca, como retrasando mi eyaculación y yo me sentía en las nubes mientras la veía subir y bajar, dar círculos pequeños en sentido y contrasentido, alternados, acompasados, lujuriosamente perfectos.
    
    Debo de aceptar que esa ha sido la montada más divina que una mujer me ha pegado pero donde casi pierdo la cabeza fue cuando se puso de cuclillas y se arqueo para atrás para no solo alejarme de sus tetas que apretaba con fuerza y desespero mientras me montaba, sino que dándome un primer plano exquisito de como mi verga entraba y salía su concha empapada, de pronto y otra vez sin mediar palabra y sin sacarse la verga de adentro, puso los dedos de sus pie en mi boca para que los chupara y sin esperarlo, giró y empezó de nuevo a cabalgarme pero esta vez mostrándome el culo.
    
    Esa visión era como presenciar una escultura de Bernini en movimiento, mi verga estaba embelesada en esa concha, se sentía consentida mientras ...
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