1. Zorrita infiel y sumisa


    Fecha: 10/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Khanine, Fuente: CuentoRelatos

    ... mucho que voy sin él
    
    ―De eso se trata -me contestó- ya verás lo que te gusta, y quítate también las bragas
    
    ―No llevo, le dije
    
    ―Mejor, me contestó, porque quiero que me enseñes todo.
    
    Me fui al baño y me quité el sujetador. Estaba completamente mojada, en mis pantys había una mancha enorme, me miré en el espejo y vi cómo se me marcaban los pezones y se insinuaban las areolas (el vestido era bastante fino) lo que me excitó aún más. Al salir notaba cómo mis tetas se bamboleaban al andar con los tacones y no fui la única porque varios tíos se giraban para mirarme. Al llegar donde estaba Pedro, en un rincón de la sala que ahora estaba más oscura, con algunos amigos, me llamó. Me incliné porque estaba sentado y le dejé ver mis tetas, entonces empezó a decirme:
    
    ―Eres una puta guapísima. Seguro que tienes el coño mojado. Siéntate enfrente y enséñamelo
    
    Me dirigí al sitio de enfrente suyo y antes de sentarme me agaché para que pudiera ver mi culo, no solo el sino todos los que estaban alrededor. Luego me senté y abrí un poco mis piernas para que viera mi coño y la mancha de flujo que tenía, mientras me desabrochaba un botón más de mi escote y otro de la parte de las piernas. Me miraban él y sus amigos cuchicheaban y se reían y a mí me encantaba sentirme así, observada, exhibida. Me hizo un gesto para que me acercase a él así que me levanté y me quedé parada delante de él, entonces me metió las manos por debajo ...
    ... del vestido y me bajó los pantys hasta las rodillas y me dijo:
    
    ―¡Enséñanos el culo perrita!
    
    Me di la vuelta y me agaché apoyando las manos en el asiento donde antes había estado sentada. De esta forma, el vestido se levantaba y les dejaba verlo.
    
    ―Abre las piernas, me volvió a decir, mientras yo obedecía sin rechistar.
    
    ―Ahora el coño.
    
    Me senté de nuevo mientras me desabrochaba la parte inferior del vestido casi hasta el ombligo, para que viesen los pelos de mi coño bien mojaditos. Ya empezaban a resoplar y a tocarse la polla por encime del pantalón. Pedro se levantó, se puso detrás de mi y empezó a acariciarme el cuello bajando hasta que tuvo mis tetas entre sus manos. Mientras me las sobaba me dijo:
    
    ―¡Que puta eres! Ven con nosotros que te vamos a dar de comer polla. Te vamos a follar y te vamos a dar por culo hasta que nos cansemos de ti perrita.
    
    ―Lo que tú quieras, le dije. Estoy deseando de que te corras en mi culo.
    
    Terminó de desabrocharme el vestido, me levanté y me llevaron a otra habitación. Apenas podía andar porque me lo impedían los pantys y ellos se reían y me decían: Vamos puta, mira cómo te saltan las tetas.
    
    Me sobaban sin parar el culo, las tetas, el coño… Entramos en una especie de biblioteca y los tres se sentaron en un sillón. Pedro me dijo:
    
    ―Desnúdate del todo y ven hacia nosotros a cuatro patas, como la perra que eres
    
    Lo que sucedió a partir de ahí os lo contaré otro día. 
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