1. Madura cornuda follada por su mejor amigo (y 3)


    Fecha: 11/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: MaduroCastellano, Fuente: TodoRelatos

    ... aaaah sentir mujer, hazme todo lo que el cornudooooo aaaah de mi maaaa..rido no se atreve, dáaaamelo todo, dame poooor culo, Dios, que puta soy, soy la aaaah más furcia y ramera de toda la ciudad, soy una paponaaaa”. Parecía que estaba rezando un rosario de sexo y perversión, en el que del placer, más mental que físico, que me producía ver invadido mi culo por el pollón de Roberto, casi no podía articular palabra, y aunque fuese a media voz, de forma entrecortada y a duras penas, mi cabeza y mi vagina me hacían proferir una serie de burradas impropias de mí. Me sentía como cuando sales de una anestesia y empiezas a decir toda clase de burradas y tonterías porque tu cerebro ha perdido momentáneamente cualquier filtro. El estado de excitación extrema al que me había visto sometida sacó de lo más profundo de mi inconsciente una Fe salida y sexual que siempre había estado oculta, aunque últimamente había pugnado por salir. Esta claro que esa noche el genio había salido de la lámpara. A ver cómo lo volvemos a meter.
    
    Yo estaba embebida en esas sensaciones extremas cuando de pronto sentí un chorro caliente en mi ojete. La mayor parte se quedó en la entrada del culo, al ser la penetración poco profunda, pero los espermatozoides más rápidos consiguieron recorrer buena parte de mi orificio anal. Menuda lavativa me estaba haciendo Roberto. Al sacar su polla de mi ano, rápidamente empecé a chorrear su semen. Se formó un goterón que unía mi culo con la cama.
    
    De repente, me empecé ...
    ... a encontrar regular. Llevaba varios días estreñida, sin ir al baño. El haber estado tanto rato con el ano dilatado por el pene de mi amante y, sobre todo, el medio bote de lubricante que había absorbido por detrás, más la puntilla de la corrida de mi hombre, provocó un efecto fatal sobre mis tripas, que ya me empezaban a sonar con urgencia. Me di la vuelta muy, muy avergonzada. Roberto intentó besarme, pero yo le aparté de forma brusca y hasta maleducada.
    
    “Lo siento, tengo que ir al baño”, dije mientras salía corriendo. Madre mía, pensé que no llegaba. Cerré la puerta y ni siquiera me dio tiempo a echar el pestillo. Me senté a toda velocidad en la taza y tras dos estruendosas ventosidades, me puse a defecar. Vaya final más anticlímax. Encima, después de varios días estreñida, solté una cosa gigantesca que me dilató aún más el ojete. Afortunadamente, a diferencia de otras ocasiones no me dolió ni me hizo polvo la hemorroide, pues yo ya estaba dilatada después del sexo anal y, además, al tener el recto lleno de lubricante y semen, la cosa salió muy fácil. Cuando me levanté pensé que había atascado el baño y tardé un buen rato, y algo de esfuerzo con la escobilla, en conseguir que desapareciese el cuerpo del delito. Si no lo hubiese conseguido, yo creo que me habría tenido que cambiar de trabajo y de ciudad para no volver a ver a Roberto. Qué situación más desagradable, por Dios. Estas cosas no les pasan a los protagonistas de los culebrones que veo ni de los libros medio ...
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