1. Le rompí el culo a mi prima Blanca


    Fecha: 14/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Donner1417, Fuente: CuentoRelatos

    Los siguientes meses fueron maravillosos. Podía disfrutar de mi prima Blanca y de mi novia Irene varias veces a la semana. Por supuesto, el sexo con Blanca era mucho más íntimo, ya que como lo he mencionado en relatos anteriores, era a pelo y siempre dejaba descargar mi semen en su coño.
    
    Por otro lado, con Irene la pasaba muy bien, pero utilizar un condón minimizaba las sensaciones que experimentaba.
    
    Un día, después de haber hecho el amor con Blanca en casa de sus padres, nos quedamos desnudos y abrazados.
    
    Mi semen goteaba de su vagina.
    
    —¿Qué vagina te gusta más, la mía o la de Irene? —atacó sin previo aviso.
    
    Yo estaba muy relajado; Irene tenía la regla y esa semana no tuvimos sexo, así que tenía que desahogarme con mi primita, como en los viejos tiempos.
    
    Pensé en el coño de Irene, su piel morena y su vello bien recortado. Mi verga comenzó a reaccionar y por fortuna, mi cerebro también.
    
    —La tuya, primita, por siempre la tuya. Recuerda que sólo estamos con nuestras parejas para guardar las apariencias —contesté acariciando su clítoris con mi dedo. Usé mi propio semen como lubricante y seguí masturbándola para distraerla de cualquier posible tema de discusión.
    
    Tuve éxito. Blanca comenzó a besarme con pasión y en menos de un minuto, ambos estuvimos listos. Me puse encima de ella y la penetré de un solo empujón. Puse mi mano sobre su cuello y apreté un poco. A Irene le gustaba que hiciera aquello y yo moría de ganas de ponerlo en práctica con ...
    ... Blanca.
    
    —¿Qué haces? —dijo débilmente con mi pulgar y mi índice apretando su cuello, cortando el flujo de aire.
    
    —¿Te gusta, primita? —le dije al oído y después la besé con desenfreno. Quería que supiera que no estaba en riesgo su vida.
    
    —Eres un cabrón, pero…sí, sigue, primo. Soy tuya.
    
    Seguimos cogiendo un buen rato que ella aprovechó para arañarme la espalda con fuerza, hasta hacerme sangrar. El dolor cumplió su propósito y volví a descargar mi semilla en su coño.
    
    —¿Por qué me arañaste, prima? Si no sano a tiempo, Irene podría darse cuenta de que le estoy siendo infiel…
    
    Supe que había cometido un error en cuanto pronuncié aquellas palabras.
    
    —¿Qué dijiste? No le estás siendo infiel a ella. Cuando te la coges, me estás siendo infiel a mí. Eres mío y sólo mío, Enrique —chilló mi prima y se puso sobre mí pero no de una manera seductora. Comenzó a golpearme el pecho y la cara con sus puños cerrados. Estaba enojada de verdad.
    
    —¿Pero qué me estás diciendo? Si también te coges a Samuel cada vez que puedes, eres una putita que está buscando verga en otros lados cuando deberías estar sólo conmigo.
    
    —Cállate, no soy ninguna puta. Y tú no deberías buscar tanto a Irene, si esta vagina también debería ser suficiente para ti. Te amo…¿por qué no lo puedes ver? —dijo pasando del coraje a la tristeza en segundos. Se echó sobre mí y me abrazó —no soporto la idea de imaginarte con nadie más, quiero estar sólo contigo, casarme contigo, tener hijos contigo. Maldito sea este mundo que ...
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