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Capítulo 11 - Silencios que no se nombran
Fecha: 16/10/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Pagina y Silencio, Fuente: TodoRelatos
... traerme.—Moviendo solo los labios para que Emily lo entendiera pero sin que el doctor la escuchara. Emily la miró. —Claro... —murmuró, sintiendo cómo el mundo se le cerraba en el pecho. Y con pasos sin prisa, se marcharon juntos. Charlotte simplemente se fue. Sin un beso, ni siquiera en la mejilla. Sin un abrazo, ni un gesto rápido. Solo un "Gracias por traerme". No fue un gracias por lo que vivieron. Fue por llevarla. Nada más, como si ella fuera taxi. Sin un número para volver a hablar, como si todo fue casual. Sin una promesa de volverse a ver. Sin más. Emily se quedó ahí, de pie, con el pecho ardiendo. ¿Esto fue todo? ¿Solo un momento? ¿Ya está? Subió al auto, cerró la puerta y no arrancó. Se quedó mirando el volante, con los dedos crispados. Tenía que irse. Tenía que correr. Tenía que hacer algo antes de quebrarse. Y se obligó a hacerlo. Volvió al apartamento. Se cambió en segundos. Tomó su mochila. Y se fue al cuartel. No porque tuviera que hacerlo. Sino porque era el único lugar donde todavía podía fingir... que nada dolía. ... El cuartel estaba más silencioso de lo normal. El aire olía a sudor seco, metal y polvo viejo. A rutina. A refugio. Emily cruzó el portón con paso firme, como quien regresa al único lugar donde no tiene que explicar lo que siente. Se cambió con rapidez, enfundándose en el uniforme con una urgencia que no venía de la obligación, sino del dolor. Se fue directo a la ...
... pista. A correr. A desgastar la mente a través del cuerpo. Uno, dos, uno, dos... Cada zancada era un intento por arrancarse de adentro lo que no quería sentir. "No era el cuerpo de Charlotte. Era todo lo que te despertó." Se decía para sus adentros. Pero no quería pensar. Así que corrió más. Al cuarto kilómetro, el sudor le bajaba por el rostro como lluvia tibia. Al sexto, sus músculos comenzaron a gritar. "No te enamores. No repitas la historia. No le entregues tu corazón a alguien que puede irse sin despedirse." seguía diciéndose con cada paso que daba. Pero ya era tarde. Se detuvo al borde del agotamiento. Las manos sobre las rodillas. El corazón galopando desbocado. El aire le ardía en los pulmones. —Al menos ya no duele en silencio —susurró—. Ahora grita cada vez que respiro. Pero como si fuera una jugada cruel del destino el coronel apareció a su izquierda, sin anunciarse, como siempre. —Así me gusta verte, Hernández —dijo con tono seco pero sincero—. Firme y sobre todo enfocada en lo que es tu deber. Emily no respondió. Solo asintió. —El torneo fue un éxito. Y tú volviste al nivel que esperábamos. Ahora, concéntrate. Ya sabes que no puedes darte el lujo de flaquear. No tú. Aún más por lo que se viene. Ella lo sabía. Lo había sabido toda su vida "El deber esta antes que el sentir." Volvió a la sala de descanso. Una ducha rápida. Agua helada esta vez, para apagar lo que ni mil vueltas al estadio podían enfriar. Cuando ...