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El día que Paulina rompió su silencio - Parte 2
Fecha: 17/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Fernando, Fuente: TodoRelatos
Horas después, mis piernas todavía temblaban cada vez que intentaba caminar, y cada paso me recordaba la humedad pegajosa entre mis muslos. Había pasado las últimas 3 horas repasando lo que me hiciste sobre esa mesa... y lo que me dejaste dentro. Reuní mis cosas para irme. La falda todavía arrugada, la piel caliente. Mis manos aún temblorosas. La tanga… esa tanga que horas antes estaba empapada, ahora estaba doblada en mi bolsa, como si fuera un trofeo sucio y privado. Mientras acomodaba mis cosas para salir, mis dedos tocaron algo que no recordaba haber metido. Vibró. No era mi teléfono. El mío estaba en la otra habitación, conectado al cargador. Metí la mano y saqué un celular nuevo. La pantalla se encendió sola. Solo había un mensaje. De ti. Una fotografía tomada desde atrás de la puerta, segundos antes de que entraras y me hicieras tener ese orgasmo increíble. Antes de que pudiera contestar, llegó otro. "Este teléfono es solo para ti... para nosotros." Tragué saliva. El pulso me subió. Otro mensaje entró antes de que pudiera pensar. "No contestes todavía. Solo léeme." Miré alrededor, como si alguien pudiera verme. Nadie. Solo yo… y tu voz imaginada en cada palabra. "La próxima vez no habrá prisa. Te voy a coger como mereces… hasta que supliques que pare." Mis dedos temblaron mientras sujetaba el teléfono, pero no contesté. El teléfono volvió a vibrar. "Cuando leas esto, quiero que sepas que ya tengo un lugar… y un día. Y no voy a ...
... decirte dónde hasta la mañana en que pase." La pantalla se apagó. Yo me quedé mirando mi reflejo en ella, con la respiración entrecortada, apretando las piernas en vano mientras notaba cómo me volvía a mojar. Un par de horas más tarde, al llegar a casa, me dejé caer en el sillón, mordiéndome el labio, repasando en mi mente tu voz, tus órdenes y esa forma en la que me habías arrancado la ropa sin darme opción. Esa noche intenté cenar, pero la comida no me supo a nada. Me duché, pero el agua caliente solo me hizo estar más caliente. Salí de la ducha y, con la toalla aún puesta alrededor de mi cuerpo, me acosté en la cama mirando por momentos el teléfono, como si fuera un animal enjaulado que en cualquier momento saltaría. Hasta que, pasada la medianoche, vibró. Una notificación. Ni siquiera necesité leer para sentir que el corazón se me aceleraba y el coño me comenzaba a chorrear. Un mensaje nuevo: “Ponte la bata más corta que tengas. Quiero verte. Sin tanga.” Me levanté con cuidado, con el celular en una mano y la respiración acelerada. Entre mis piernas, la humedad comenzaba a ser cada vez más notoria. No pregunté dónde ni cómo. Solo supe que obedecer sería inevitable. Apenas envié la foto, sonó el teléfono otra vez. —Ahora abre las piernas, despacio. Quiero verte entera. Me acomodé en la silla, subí la toalla, y separé las rodillas. El aire frío me acarició la piel y sentí cómo el calor ahí abajo se intensificaba. Tomé la foto… demasiado cerca. Mis ...