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LNE (13). El bosque prohibido
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
La nueva escuela Capítulo 13. El bosque prohibido Era una noche templada de otoño, puede ser que fuese octubre, puedes ser que fuese martes, y el bar olía a vino rosado espumoso y conversaciones a medio descomponer. Raquel estaba sentada frente a Clara, su amiga de años, esa que siempre sabía cuándo una broma era solo una coraza. Compartían un tinto mediocre y un humor punzante. —Te juro —decía Raquel, removiendo el vino con la pajita de su gin anterior—, si aparece otro hombre con trauma no gestionado y playlist de Arctic Monkeys, le escupo con sorna. Clara rio, levantando su copa. —O te enamoras. Al final te enamoras. Te vas a reír como una idiota de nuevo y a escribir mensajes que borrarás tres veces antes de mandarlos. Raquel no dijo nada. Solo sonrió, como quien recuerda algo que aún no ha vivido. Y afuera, como si alguien lo supiera, empezó a llover con la cadencia de un cambio inevitable. *** Era miércoles. O eso creía César. Desde que dejó de usar calendarios y empezó a medir el tiempo en entregas de Amazon y crisis paternales, los días eran una niebla indistinguible de tareas pendientes y cables USB. Llevaba horas de aburrimiento cortés en su tienda de informática —un lugar ligeramente triste, con posters de procesadores y un destornillador torcido enmarcado como reliquia— cuando entró Raquel. Lo hizo como si no tuviera tiempo que perder. O como si supiera perfectamente que alguien iba a detenerse a mirar. Llevaba un vestido negro con ...
... estampado de relámpagos rosas (sí, relámpagos), ajustados a sus curvas que estaban casi cerca de ser vertiginosas, botas de combate y una expresión distraída impostada que parecía decir: me importa todo tres carajos, pero sé exactamente lo que estoy haciendo. Era casi tan alta como él, con una cuidada media melena castaña clara que caía en bucles hasta su mandíbula. —¿Tienes cargadores USB-C o solo miras así a todas las mujeres que entran? —preguntó ella, sin siquiera mirarlo del todo. —Depende. Si el cargador es para un móvil que lleva más traumas que batería, probablemente tengo justo lo que necesitas. —Perfecto. Es para mí. Ella sonrió con la comisura. César sintió que acababa de perder una partida de ajedrez que no sabía que estaba jugando. La tienda parecía ahora demasiado pequeña. Como si la presencia de Raquel la hubiese reconfigurado, como cuando instalas una nueva tarjeta gráfica y de pronto tu PC se siente insuficiente. —Soy César —dijo, tendiéndole el cable—. Como el emperador. O como la ensalada. —Raquel. Como la mujer que viene, compra un cargador, y probablemente se arrepienta de haber entrado aquí… dentro de unos minutos. —Depende de si el cargador funciona. —Depende de si tú funcionas. Lo dijo tan rápido que César se quedó unos segundos en buffering. Esos segundos después, con el cargador pagado y ya en la puerta, Raquel se giró. —¿Y si no funciona? —¿El qué? —El cargador. Tu encanto. Todo esto. César se encogió de ...