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Mamen y su pasión por mi polla
Fecha: 22/10/2026, Categorías: Sexo Oral Autor: Cielo del Norte, Fuente: CuentoRelatos
La coprotagonista de este relato, llamémosla “Mamen” (que le viene niquelado, por lo de mamar más que nada…) era una de esas chicas lanzadas que conoces una de esas noches en un garito donde pasas tantas y tantas horas los fines de semana. Morena, ojos azules, cara de vicio (es la verdad), pechos monumentales y duros, ni delgada ni gorda, bien formada y fuerte. Ella me había entrado con la excusa de presentarme a una amiga suya a la que supuestamente yo le gustaba. Un “hola”, dos besos y poco más ya que la amiga en cuestión no mostró mucho más interés en mi persona. Era Mamen la que estaba todo el rato hablando y tonteando conmigo, así que al rato descubrí sus verdaderas intenciones: era ella a la que yo le gustaba, y al instante nuestras lenguas se entrelazaban en el cálido interior de nuestras bocas con esa música potente de fondo que sonaba, nuestras manos recorrían nuestras ropas y yo pensaba “esta noche tocaba triunfar”. Pero duró poco porque ella se tuvo que marchar, eso sí nos citamos para el día siguiente por la tarde, a comer, pasear en su coche y probablemente continuar lo empezado. Desde esa primera cita (en la que culminamos en su coche lo comenzado la noche anterior, lógicamente) y en todas las sucesivas me mostró su pasión ante todas, al menos conmigo: el sexo oral. Era una verdadera viciosa y experta en ello, no se cansaba y de hecho sólo hicimos sexo completo un par de veces de los muchos encuentros que tuvimos. El resto siempre era igual, ...
... quedábamos, paseábamos en su coche, charlábamos, llegado un momento empezábamos a besarnos y tocarnos (yo tenía vicio por su tetas, eran tan inmensas y duras que las amasaba y agarraba fuerte) y ella descendía hasta mi entrepierna, la sobaba por encima del pantalón haciéndola latir, desabrochaba mi bragueta y sacaba mi miembro mientras me miraba con sus azules ojos y una pícara sonrisa de la que salía una frase: “yo sé qué es lo que te gusta” (y a ella). Y comenzaba a comerla, a devorarla como si se la fuesen a quitar, llevándome al placer absoluto, y cuando yo quería pararla para comérmela toda, sus tetas, su húmedo clítoris, para sentarla encima de mi miembro y que me cabalgase y me diese el placer de comerme así sus tetas… ella nunca me dejaba, seguía comiéndomela hasta que yo la avisaba que iba a derramarme… entonces lo hacía más rápido y duro hasta que obtenía lo que deseaba, mi jugo blanco amoroso llenaba su boca y su garganta hasta que era completamente absorbido sin dejar ni un rastro. Era increíble. “Me encanta tu polla y me encanta comértela, más que nada” -decía contenta. Tras este prolegómeno para que os hicierais una idea de lo que había entre Mamen y yo os relato una de esas “citas orales”, la que tengo en más grato recuerdo por lo sorprendente que fue. Un sábado por la mañana me encontraba yo trabajando donde lo hacía aquel entonces (hace unos 3 años). Estábamos un compañero y yo con unos clientes. De repente sonó el timbre, y yo salí a la entrada a ver ...