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Hija de Culo Grande para papa de Verga Grande
Fecha: 29/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... íntimo para poder ejecutar embestidas más duras y pausadas. Cada golpe resonaba con fuerza en el baño, un sonido sordo y contundente que se mezclaba con los gemidos y suspiros entrecortados que escapaban de sus labios húmedos. Era un ritmo frenético y primal, un latido anal compartido que atravesaba la piel y llegaba hasta lo más profundo de sus huesos. En ese pequeño espacio, reducido a la esencia de su encuentro, se libraba una batalla silenciosa pero intensa: un intercambio de poder y entrega en perfecta igualdad. Él sentía cómo la expansión de ese lugar prohibido se completaba en cada embestida, el culo de su hija había sido conquistado, mientras una oleada eléctrica de placer y lujuria le advertía que estaba a punto de vaciar sus testículos. Mientras tanto, en la mente de Daniela, aunque sabía que estaba satisfecha, comenzaba a crecer algo más profundo y conflictivo: un tenue remordimiento, una sombra inquietante que llevaba el nombre de Marina, su madre. De repente, el vaivén se volvió frenético, la enculada se volvió salvaje. Su padre estaba listo para terminar. Daniela, aún montada sobre el inodoro y sujetando el soporte con ambas manos, apenas podía soportar la intensidad de sus embestidas en su hasta entonces virgen ano, sus músculos anales estaban en su límite. Entonces, un golpe inesperado rompió el “casi-incesto”. Alguien tocó la puerta con insistencia. —Jorge, ¿aún no acabas? Necesito usar el baño. Era Marina, la esposa de Jorge y madre de ...
... Daniela. En el clímax marcado por la inevitabilidad del destino, Jorge finalmente vació sus bolas llenas de semen en ese lugar prohibido, el culo de su propia hija. El incesto estaba completo. Daniela hizo todo lo posible por contener el estremecimiento que le provocaba la sensación helada del semen de su padre en su ano. De repente, una voz familiar volvió a atravesar la puerta con insistencia: —¿Jorge, estás ahí? —Sí, ahí voy, ahora salgo —respondió Jorge, intentando recuperar la compostura. Se dispuso a salir, abriendo la puerta solo un poco, con la intención de despachar a su esposa sin revelar la presencia de Daniela. Pero actuó demasiado rápido, demasiado torpe. Como al principio, la urgencia volvió a apoderarse de él. Por un instante olvidó dónde estaba su miembro, que aquel lugar era un territorio virgen y, sobre todo, que su falo era jodidamente enorme y aún estaba erecto. Al intentar retirarlo de golpe, Daniela no pudo contenerse más. —¡¡UUUUOOOOOH MI-MIIEEERDAAAA!! —exclamó, un gemido tan intenso que atravesó la puerta, recorrió toda la casa y penetró directamente en la cabeza de Marina. Marina, ni corta ni perezosa, abrió la puerta de golpe. Allí estaba Daniela, su hija, tambaleándose, a punto de caer al piso, con sus grandes tetas rozando el frío azulejo y el trasero levantado, completamente expuesto. Su piel blanca contrastaba con la cálida humedad que teñía de un rosa profundo su ano, abierto y dilatado más allá de lo que era normal, como ...