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Hija de Culo Grande para papa de Verga Grande
Fecha: 29/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
Era una mañana más para Daniela, una joven de apenas 19 años. La luz del sol se filtraba por la ventana y se extendía sobre las sábanas blancas que cubrían su cuerpo joven y curvilíneo. Sus tetas, firmes, copa C, se alzaban con cada respiración, y su culo amplio, carnoso, delicioso parecía invitar a ser tomado. Abrió los ojos lentamente, con la mente aún atrapada en el último rastro de su sueño. Sentía su coño húmedo, cálido, palpitante. Había soñado que la penetraban con fuerza, que alguien la tomaba por detrás mientras gemía con la cara enterrada en el culo de un hombre negro. El cosquilleo en su entrepierna no era sólo el recuerdo: aún estaba mojada, resbalosa, excitada. Su sonrisa al despertar lo decía todo: había sido un sueño de esos que te despiertan con ganas. Su mano descendió lentamente por su vientre, rozando su piel con la suavidad de quien se conoce bien. Los dedos, temblorosos de deseo, se deslizaron hasta su entrepierna. Daniela cerró los ojos y volvió a sumergirse en el recuerdo de aquel sueño húmedo, tan vívido que podía sentir aún la presión de unas manos ajenas en su cintura, bajando, abriendo sus nalgas e intentando hurgar en su ano. Desde que había terminado con su novio, no había vuelto a tener sexo. Hacía meses que nadie la tocaba… al menos, nadie más que ella. En ese tiempo, sus dedos se convirtieron en sus amantes: pacientes, atentos, infalibles. Sabían exactamente cómo acariciarla, cómo abrirle el cuerpo poco a poco, cómo encenderla sin ...
... prisa hasta dejarla temblando entre las sábanas. Esa mañana, su cuerpo pedía lo mismo. Necesitaba saciarse. Y sus dedos, otra vez, respondieron al llamado. Sus dedos se deslizaron con suavidad sobre la tela de su ropa interior, apenas rozando su coño empapado. Un jadeo escapó de sus labios. Sentía el calor concentrado entre sus piernas, esa humedad espesa que le hablaba de deseo contenido, acumulado por días. Cerró los ojos y se dejó llevar, permitiendo que su mente reconstruyera cada imagen del sueño: las manos firmes que le sujetaban las nalgas, la lengua que le recorría su clítoris, la voz masculina que le susurraba “puta” al oído. Con movimientos lentos, Daniela apartó su ropa interior hacia un lado y dejó al descubierto sus labios vaginales, hinchados y brillantes. El aire fresco de la habitación le provocó un escalofrío delicioso. Deslizó el dedo medio entre sus pliegues resbalosos, separándolos, empapándose en su propio néctar, antes de comenzar a acariciar suavemente su clítoris. Un gemido bajo, casi animal, surgió de su garganta. Lo hacía despacio, saboreando cada roce, cada chispazo de placer que la recorría. Usaba la yema del dedo para trazar círculos diminutos, a veces rápidos, a veces más lentos, siguiendo el ritmo natural de su cuerpo. Comenzó a menear su culo, casi por instinto, como si buscaran un contacto más profundo. Se mordió el labio inferior y arqueó ligeramente la espalda. Con la mano libre, se acarició uno de los senos, apretando suavemente el ...