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Hija de Culo Grande para papa de Verga Grande
Fecha: 29/10/2026, Categorías: Incesto Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... su pulso en la sien, en el pecho, en la punta misma de su enorme pene, aún húmedo por la orina que se disipaba lentamente. Daniela lo contemplaba sin culpa. Sin vergüenza. Ni siquiera parecía registrar que estaba mirando el pene de su propio padre, un hombre que la había criado con amor y que ahora le mostraba el pene con el que fue engendrada. No. Su mente estaba enfocada únicamente en él. En ese trozo de carne firme, oscuro, tan grueso que ni en sus juegos solitarios había imaginado algo igual. Y mientras más lo miraba, más lo deseaba. Su coño, aún sensible por la masturbación anterior, comenzaba a palpitar con más fuerza. Se sentía caliente, pulsante, viva. Mojada otra vez. La línea entre el atrevimiento y la necesidad se desdibujaba con rapidez. Y frente a ella, la tentación seguía firme. Tan real que podía olerla. El tenue rastro de orina se había disipado por completo, pero lo que seguía presente era aún más intenso: el calor, la firmeza, la carne tensa cargada de deseo no resuelto. Jorge había vaciado su vejiga, sí… pero sus testículos seguían pesados, hinchados por meses de abstinencia, llenos de los hermanos no concebidos de Daniela. No había paz en su cuerpo, solo una erección latente y su hija frente a él con los ojos brillando de deseo. Instintivamente, se giró un poco, dispuesto a subirse el bóxer y salir de ahí, pero antes de que pudiera hacerlo, sintió una mano firme sujetándole la muñeca. —Oye, espera un momento —dijo Daniela con una ...
... sonrisa provocadora, su voz impregnada de lujuria—. Llegas, me miras las tetas y entras con esta cosota erecta... por lo menos déjame apreciarla un poco. Sus ojos estaban clavados en su falo, con esa mezcla de hambre y asombro que borraba cualquier rastro de vergüenza y familiaridad sanguínea. La razón ya no tenía espacio en su mente. Solo el deseo. Solo ese miembro enorme que tenía delante y que parecía salido de una de sus fantasías más sucias. —Hija… esto está mal… —murmuró Jorge, aunque su voz carecía de convicción. —Vamos —susurró ella, deslizando los dedos por su antebrazo con una suavidad eléctrica—. Déjame apreciarlo. Sé que soy tu hija, pero tienes que entender… esto que tienes aquí no lo tiene ni el actor porno mejor pagado de la industria. De seguro casi matas a mamá de placer con esta cosa. Jorge soltó una risa amarga, cargada de años de frustración. —Ojalá… Daniela lo miró con curiosidad, con esa chispa que mezcla el deseo y la compasión. Dio un paso más cerca. —¿Eh? ¿O sea que ella no lo usa? —Bueno… ya desde hace unos años que no me deja… —hizo una pausa, frunciendo el ceño—. Espera… ¿por qué te estoy diciendo esto? Pero ya era tarde. La confesión estaba hecha, y Daniela había captado algo más profundo que una simple oportunidad. Había vulnerabilidad en su padre. Hambre. Soledad. Un deseo guardado durante tanto tiempo que ya no podía ocultarse tras excusas o vergüenzas. —¿O sea que esta cosa… no tiene dueña? —preguntó ella, dando otro ...