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El inicio de mi vida sexual (incesto). Parte 11.2
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Gays Incesto Autor: Eze019, Fuente: SexoSinTabues30
... en la voz. —Sí —le dije. —Dale. Volvé a tocarme y yo toco el tuyo. Eso hicimos y nos pusimos bien frente uno a otro, masturbando al otro. Ambos tuvimos una clara erección pero había mucha diferencia entre los 2 miembros. —Es muy grande. —Ya sé. O capaz el tuyo es muy chico. —No. Mentiroso. —Como digas. Ya es suficiente. Se dio la vuelta y el resto del baño no me permitió tocarlo. Yo me sentía muy insatisfecho porque estaba acostumbrado a recibir más placer. Además los anteriores encuentros sexuales con mi hermano habían sido más largos y «divertidos». Al dormir esa noche me pegué mucho a él, y le apoyé el culito en su paquete. A Fran lo volvía loco eso así que supuse que eso serviría. Pronto sentí que la tenía bien parada y hasta se frotó un poco contra mí, pero despues de un rato se dio la vuelta (para presumiblemente masturbarse). Así seguí el resto de las vacaciones, hostigándolo, tocando su cuerpo, su pene, dándole besitos, pero nada sirvió mucho. No es que no me quisiera, sino que en lo sexual no me seguía mucho la corriente. Lo único que sí le gustó dentro de todo es que le toque el torso y que mire mucho su abdomen o pecho. Todos los chicos se sienten halagados que admiren o toquen su físico a fin de cuentas. Creo que justo él estaba en plena afirmación de su sexualidad y yo intervenía demasiado ese proceso. Es lógico que no me haya dado bola dentro de todo. A mitad de enero empecé a insistirles a mis padres para volver con mi ...
... tía. Me gustaba estar con mis padres, pero yo extrañaba más a mis primos, así que cuando finalmente me llevaron me sentí feliz. Lo primero que hice al llegar fue darle a Hugo una barra de chocolate gigante por su cumpleaños, lo que lo hizo sonreír como un niño. No olvidé mi promesa. Hugo y Fran me dieron regalos de Navidad y Año Nuevo, y yo sentía que esos chicos me amaban tanto como yo los amaba a ellos. Pero Fran… Fran andaba raro. Estaba triste, con la mirada baja, como si llevara una nube gris encima que no lo dejaba en paz. Resultó que se había aplazado en física. Y para alguien como él, que siempre había sido un buen alumno, esa nota era una puñalada directa al orgullo. Estaba decepcionado de sí mismo. Esa era apenas la punta del iceberg. Cuando mi tía se enteró, explotó, diciéndole que siguiera el ejemplo de Hugo y dejara el colegio. Para colmo, un hacendado de la zona le ofreció un buen trabajo, y mi tía se lo puso como condición: “dejá de perder el tiempo en clases, empezá a trabajar, es una oportunidad que no podés rechazar”. Pero Francisco no quería trabajar en el campo. Francisco quería estudiar, terminar el colegio, seguir una carrera, tener un título. Esa presión lo estaba matando por dentro, porque cada día sentía su sueño un poco más lejos. A veces se sentaba a jugar conmigo, y en medio de eso me hablaba de sus problemas. Yo lo escuchaba, claro, pero la verdad es que muchas veces no entendía nada de lo que me decía. Tenía siete años, ¿qué sabía yo de ...