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El Hombre de la Casa 47: Terapia de Choque
Fecha: 30/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Kurosko, Fuente: TodoRelatos
... funcionado. Mientras su mano continuó con aquella labor diligentemente, Raquel se dedicó a lamerme las bolas, luego, subió a mi pecho y besó en mis puntos débiles. Para este punto, ya estaba esforzándome de verdad por contenerme. Finalmente, mi hermanita se arrodilló encima de mí y me acomodó para poder besarme. Pude sentir cómo su entrepierna se encontró con la mano de Julia, pero ésta no se detuvo, al contrario, aceleró sus movimientos. La boca de Raquel hizo que por un rato, creyera estar viendo estrellas con los ojos cerrados, era todo ese cúmulo de sensaciones que pudieron conmigo y pude terminar. Al abrir los ojos, me encontré con una sonrisa dulce y cálida. Mi hermanita no tardó en indicarme con la mirada que revisara a Julia. Una línea de semen le había surcado la cara, tenía una expresión de auténtico shock, una mirada perdida, un rostro con todos los músculos entumidos y su mano todavía sujetando mi macana. Esto le hizo mucha gracia a Raquel, quien se hizo a un lado para dejarme contemplar mejor la escena. Yo me apuré en intentar hacerla reaccionar y en cuanto me agaché para revisarla, volvió en sí. —¿Vas a desperdiciarlo? —rio Raquel con malicia. De nuevo, actué antes de que Julia se levantara y huyera. La tomé de la mano, busqué la caja de pañuelos que había cerca y me apresuré en limpiarle la cara. Intentó detenerme para hacerlo ella misma, pero no la dejé. Busqué no romper el contacto visual con ella y de esta manera, vi de cerca cuánto estaba ...
... costándole entender lo que estaba pasando. Por su parte, Raquel se quedó allí, mirándonos de reojo, visiblemente disgustada. —Ahora te toca a ti —refunfuñó con fastidio. Nuestra hermana tardó en procesar aquellas palabras, fue hasta que bajó la vista y se dio cuenta de que mi erección no había bajado que vi un brillo tenue en sus ojos, uno que no correspondía a su rostro inexpresivo. —¿Eh? —exclamó ella, confundida. —Todavía no acaba —resopló nuestra hermanita con obviedad—. Hazte cargo, es tu culpa por tenerlo así, aguantándose. Julia volteó a verme, con esa expresión de incredulidad. Yo esperaba ver esa expresión de ruego, un gesto que me implorara no hacer lo que Raquel sugería y mucho menos en frente de ella; pero en cambio, vi algo diferente. Una chispa de determinación y arrojo disfrazada de resignación hizo que me sentara en el sillón individual, separando mis piernas y dándole así el motivo que necesitaba para arrodillarse nuevamente frente a mí. Su mano sujetó con más seguridad mi tranca. Tenía residuos de mi última venida y titubeó un poco, pero entonces, se agachó más. Tímidamente, su lengua se asomó y lamió la punta. Ahora yo era el que estaba sorprendido, crucé miradas con Raquel y ella nos observaba desde lejos, vigilante y con un semblante serio. No sabría decir si era por tener a nuestra hermana menor observándonos o por seguramente estar siendo juzgada o evaluada por ella, pero Julia mostró una mejora brutal comparada con lo que había ocurrido ...