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Empleada dominada por un cliente
Fecha: 02/11/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: elzorro, Fuente: CuentoRelatos
Marta dejó de mirar el monitor de su portátil, respiró hondo, metió la tripa, apretó el culete y se levantó de la silla. Le tocaba presentar y estaba nerviosa. Durante un instante temió que el calor que sentía se transformase en abundante sudor y apareciesen manchas en su blusa blanca. Por fortuna llevaba falda, y el aire de la sala de reuniones dónde se encontraba, sin censura, se colaba bajo la prenda acariciando sus partes íntimas y proporcionándola frescor. En la sala, aparte de su jefe y un compañero, estaban los clientes, Clara, que tendría cinco años más que ella, y por tanto rozaría los cuarenta y Jorge, que no pasaba de los veintiocho. Jorge era un “gilipollas” según Marta. El típico tocapelotas que pregunta para “pillar” y tiene el “don” de necesitar cosas urgentes en los momentos en que ella estaba hasta arriba de trabajo. Le odiaba. Le odiaba con un odio que no podía concretar puesto que era el cliente. Y no un cliente cualquiera, sino el segundo en importancia. Así que tanto en la anterior reunión, en la que se habían conocido, como en esta, Marta dedicaba al joven la mejor de sus sonrisas, esforzándose al máximo para parecer natural. Bueno… para ser sinceros, en esta ocasión la sonrisa de Marta fue genuina. No tanto por un cambio de opinión, como por un cambio de situación. En esta ocasión la empleada necesitaba suplicar clemencia. El tener que concentrarse y exponer el tema fue un alivio efímero. Fue cruzar la mirada con Jorge y notar un nudo ...
... en el estómago. Por fortuna su breve intervención había acabado y no hubo preguntas. Durante los siguientes minutos su mente volvió al incidente que tuvo lugar poco antes de la hora de comer. Había compartido con una compañera de curro su indignación con el cliente mientras leía el correo y luego, movida por la estupidez, había improvisado una redacción en la que, en tono vengativo, hablaba de Jorge. El personaje del escrito, ella misma, se erigía como una dominatrix que disfrutaba sádicamente azotando el trasero de aquel joven inmaduro (el cliente). La historia no quedaba ahí, y seguía describiendo como humillaba al chaval que, figurada y literalmente acababa besándola el culo en el relato. Cuando se percató de lo que estaba escribiendo se sobresaltó, miró con miedo a derecha e izquierda y suspiró aliviada cuando comprobó que todos se habían ido a comer. No lo había pasado tan mal desde aquella vez en la oficina, hace un par de años, en la que se le había escapado un pedo justo antes de que su jefe llegara. De hecho creía que el hombre “se había hecho el loco” ya que al menos, aunque no hubiese oído el ruido, por narices había tenido que olerlo. Marta continuó recordando lo que ocurrió después. La llamada, el correo, las prisas y sobre todo los malditos adjuntos. De alguna manera había enviado el fichero con el relato prohibido al cliente, al mismísimo Jorge. Luego llegó el intento de recuperar lo irrecuperable, de estrujarse el cerebro pensando en algo que borrara ...