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La familia del marido de mi hermana (20)
Fecha: 04/11/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Alfonso, Fuente: TodoRelatos
... molesta. - Todo a su tiempo, cariño. Ahora tan solo piensa en pasar un buen fin de semana. Un fin de semana… diferente. - De acuerdo. Te haré caso, pero ya le he dicho a Cristóbal que eche un vistazo a mis cuentas. Después de lo que me has contado y me has enseñado de Antonio, ya no puedo confiar en él. - Me parece bien, pero encuentres lo que encuentres, no le digas nada, dímelo primero a mí. Quedamos en hacerlo así, no le diría nada y esperaría al fin de semana antes de tomar ninguna decisión. Ya era la hora de comer cuando recibí la llamada de Marisa. - Hola señor Herrera. Soy Marisa. - Hola Marisa. Me alegro de que me llames, pero deja de llamarme señor Herrera. Con Roberto será suficiente. - De acuerdo, Roberto. He pensado que sería interesante charlar un poco… como había sugerido. Me dio la impresión de que Marisa estaba más interesada en esa charla de lo que en principio había supuesto. - Me parece bien. Dime un sitio que te guste para tomar café después de comer. - Preferiría un sitio discreto donde pasemos desapercibidos. No me gustaría que nos viese alguien conocido y que se enterase Antonio de que he estado hablando con usted. Me seguía tratando de usted a pesar de ser más joven que ella y de haberle dicho que no lo hiciese, pero no la contradije. - Me parece bien, Marisa. Yo tampoco quiero que Antonio se entere de que he hablado contigo. ¿Conoces algún sitio discreto? - Hay uno cerca de mi casa, a las afueras de la ...
... ciudad. Si no te importa desplazarte podíamos quedar allí. - No hay problema. Dispongo de coche y en mi trabajo me desplazo continuamente. Me dio la dirección y, después de comer, me dirigí al sitio. Era una mezcla de cafetería y pub situado en un barrio humilde de las afueras. Cuando entré me di cuenta de la falta de luz que había dentro. No había ventanas y toda la luz era artificial. Cuando mis ojos se adaptaron a la escasa iluminación pude ver todo el local. Por un lado había mesas y sillas de cafetería, y por el otro sillones corridos, aparentemente cómodos, rodeando mesas, lo que le daba esa parte de apariencia de pub. Vi a alguien levantar la mano cuando mi mirada corría por la zona de sillones, y agudizando la vista distinguí a Marisa. Me acerqué y se levantó para saludarme con un suave apretón de manos. Se había cambiado de ropa y su vestido ya no era tan sobrio. El que se había puesto era más informal y veraniego con abundantes colores. Su escote también era más generoso y no pude evitar mirar los dos bultos de carne que formaban el canalillo. Tenía unas hermosas tetas que me habían pasado desapercibidas con su vestido anterior. Era alta y delgada, y con buen tipo, muy buen tipo, aunque no muy guapa. El pelo oscuro lo recogía en un moño elegante y una nariz prominente sujetaba las gafas de gruesos cristales que cubrían sus ojos. Sus labios carnosos y exquisitamente pintados eran lo mejor de su cara. Nos sentamos y le pedí un café al camarero que llegaba en ...