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Megan - la otra familia de papá 04
Fecha: 05/11/2026, Categorías: Incesto Autor: Jane Cassey Mourin, Fuente: TodoRelatos
... exclamó sin contenerse, apartando solo por un momento sus labios de mi vagina, un instante en el cual me penetró con sus dedos y estimuló mi punto g hasta que una vez más sus labios regresaron a besarme, volviéndome loca con esos chupetones que les daba, con la forma como su lengua recorría toda mi raja y jugaba con mi clítoris de momento a momento - ¿Te gusta? Vamos, dime si te gusta, quiero escucharte decirlo, cariño - me exigió, con una voz morbosa, de una forma que me hizo erizar toda la piel y sentir un calor mucho más intenso al escuchar sus palabras impregnadas con ese deseo eufórico que ese hombre parecía sentir al estar conmigo, el mismo que no esperó a que yo respondiera para volver a devorarme el coño como si de un delicioso manjar se tratara, como si necesitara que su boca estuviera pegada a mi sexo por tanto tiempo como le fuera posible hacerlo. - ¡Ahhh! ¡Me gusta! ¡Ahhh! ¡Me gusta mucho! ¡Ahhh! - respondí, desconociendo mi propia voz, sin saber de dónde demonios había salido aquel tono suplicante con el que hable, aquella voz que incitaba a ese hombre a avanzar mientras movía el culo de manera instintiva, disfrutando de lo que Lalo me hacía con sus labios y con esa lengua tan bien adiestrada, sabiendo que una vez más estaba muy cerca del orgasmo, gritando de placer cuando al fin llegó aquella placentera explosión, sin que ello lo hiciera apartar su boca de mi coño, como si quisiera beberse hasta la última gota de mis fluidos, lamiendo como desesperado hasta ...
... que de pronto se puso de pie y se apartó de mí un poco, desnudándose a mis espaldas sin que yo dejara de gemir, manteniéndome muy quietecita en esa misma posición, con mi cara pegada al colchón de la cama, suplicando que regresara conmigo por medio de aquellos movimientos de cadera que ejecuté para él, sin pensarlo, sin dejar que nada en mi cabeza interviniera con aquello que estaba sintiendo. No hubo palabra, aviso o advertencia alguna que precediera al momento en el que ese hombre puso una mano en mi espalda baja y me penetró, entrando en mi cuerpo sin contemplación ni titubeos, enviando su pene al fondo de mi vagina, haciendo que gritara víctima de un placer delicioso, incitándome para que de inmediato comenzáramos a interpretar un sensual y tentador baile de caderas, experimentando cómo mi trasero logró sincronizarse muy pronto al ritmo con que ese hombre me embestía, descuidando su fuerza mientras lo hacía, tomándome de las caderas, penetrándome de una manera tan deliciosa que dudo que en aquel instante hubiera podido acordarme siquiera de cómo me llamaba, porque ese macho sabía muy bien lo que hacía, sabía manejar los ritmos de la manera adecuada, tocarme en los puntos correctos, acariciar mis senos de la forma perfecta para llevarme al borde de la locura en medio de un éxtasis erótico que jamás había vivido con nadie más, llevándome a conocer nuevos límites del placer, dejándome alcanzar niveles de éxtasis a los que su hijo nunca me había permitido acceder. Perder ...