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UNA VIDA A LOS TUMBOS
Fecha: 21/01/2026, Categorías: Hetero Tus Relatos Autor: CARAMELO, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Era así, más o menos, según mi apreciación. Hacía dos meses que había entrado a trabajar en ese importante estudio de ingeniería y construcción, gracias a la recomendación de un amigo de mi padre. Y, por supuesto, tal como la costumbre, me “tocó” recorrer pequeñas localidades del interior de la provincia, dado que algunos de los más importantes clientes de la empresa eran cooperativas agrarias. Mi tarea consistía en interiorizarme de las necesidades de las mismas por las que estarían en condiciones de requerir nuestra colaboración. Hay que tener en cuenta que estas organizaciones tienen un cambio y movilidad bastante interesante, dado que todo está en función de la naturaleza: el clima es determinante en las actividades agrícola ganaderas. Tal es así que, luego de un par de meses en que me pusieron al tanto de las tareas y forma de encararlas, y las relaciones profesionales y humanas con los posibles clientes, me “llegó la hora” de rumbear hacia los pueblos donde se encuentran los clientes actuales y probables, dado que la empresa, con buen criterio, no dejaba librado al azar o al tiempo, la eficiencia de los trabajos que se realizaban. Por lo tanto, tengo que recorrer, sin apuro, pero sin pausa, varias localizaciones de trabajos ya realizados y de otros probables. Así fue como el ferrocarril -además de existente, todavía eficaz-, me dejó en una pequeña y ordenada localidad de unos 3.000 habitantes, en el centro de la provincia. Ya tenía arreglado el lugar de ...
... residencia, una modesta, ordenada y limpia “pensión”, regenteada por una bonita y simpática señora, apreciablemente rellenita y atractiva, cuyo marido, tal como me dijo, estaba ocupándose de la chacra de unas 100 hectáreas, de la cual eran propietarios. Por lo que aprecié, la pensión era el “divertimento” de la patrona, dado que, desde el punto de vista económico, no necesitaban de ella para vivir. En esa pensión, que competía solamente con otra, y ningún tipo de hotel o alojamiento para pasajeros, estábamos, en ese momento, un viajante de comercio, un par de días, y yo…, que no sabía todavía, que tiempo iba a insumir mi tarea. En la vivienda, tal como era, de 5 habitaciones, vivían la dueña, Rosi, de unos 40 años, muy bien llevados, y su hija menor, de 14, muy bonita y pizpireta, quien cursaba el secundario con intenciones, según me dijo, de ir a la ciudad cuando termine, a estudiar enfermería, como en este momento lo estaba haciendo la hermana mayor, de 19 años. De todo esto me enteré sin siquiera preguntar, pues la necesidad de comunicarse con forasteros era, en ese pueblo, primordial… ¡Una manera de superar la soledad y el aburrimiento! No sé si fue casualidad o intención. Durante el almuerzo –la mamá, la hija, el viajante y yo-, más allá de servir y atender, madre e hija no despegaban las miradas de mí… Claro…, el viajante estaría a tiempo de jubilarse… Luego me enteré que era un periódico frecuentador -cada tres meses-, del pueblo y la pensión. Para nada me ...