1. La violacion de Juan


    Fecha: 27/01/2026, Categorías: Gays Tus Relatos Autor: jeraro, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    La música de la fiesta era un monstruo de bajo que vibraba hasta los huesos, un latido sordo que se mezclaba con el alcohol corriendo por mis venas. El mundo se había convertido en una mancha borrosa de luces y sonidos, y mis piernas se sentían como fideos cocidos. Fue entonces cuando una garra me agarró del brazo, tirando de mí con una fuerza que no tenía energía para resistir.
    
    "Vamos, mi putita," la voz de Carlos era un rugido bajo y caliente directamente en mi oído, cortando a través de la niebla de alcohol. "Hoy te voy a romper y te voy a pagar bien."
    
    No hubo discusión. Fui arrastrado, un peso muerto, escaleras arriba hasta una habitación donde el único sonido era el de nuestra respiración y el lejano retumbar de la fiesta. La puerta se cerró con un chasquido seco, y el silencio repentino fue casi tan ensordecedor como el ruido de antes.
    
    Sus labios se estamparon contra los míos, no un beso, sino una toma de posesión. Su lengua invadió mi boca, dominante, explorando cada rincón mientras sus manos desgarraban mi camisa. Los botones volaron por la habitación. Sus dedos se hundieron en mis pectorales, no con cariño, sino con un apetito voraz, como si quisiera dejarme sus marcas.
    
    "Te voy a desollar, perrito," gruñó contra mis labios hinchados.
    
    Me lanzó sobre la cama como si fuera un saco de patatas. Antes de que pudiera procesarlo, me dio la vuelta con una brutalidad que me robó el aliento. Mi cara se aplastó contra el edredón, y sentí el aire frío en mi ...
    ... espalda y mis nalgas expuestas. Sus manos me abrieron de golpe, separando mis glúteos con una fuerza que hizo que mis músculos se tensaran en protesta.
    
    Luego sentí su lengua. No fue delicada, ni tímida. Fue un ataque húmedo y caliente. Lamió mi ano con largos y ásperos trazos, humedeciéndolo, preparándolo. Se deleitaba en mí, y podía sentirlo en su respiración agitada. Su lengua penetró, una pequeña invasión que fue solo el prólogo. Se alimentó de mí, chupando, mordisqueando la piel sensible que me rodeaba.
    
    "Así me gusta, abierto y listo para ser usado," musitó entre lametazos, su voz vibrando contra mi carne.
    
    Sus dedos reemplazaron a su lengua. El primero entró con una facilidad vergonzosa gracias a su saliva. El segundo se unió al primero, y el estiramiento comenzó. Era una quemazón, una sensación de ser desgarrado que paradójicamente enviaba oleadas de placer directo a mi ingle. Los movía en tijera, abriéndome, ensanchándome. Un tercer dedo se unió a la fiesta, y ahora era una presión constante, un llenado que me obligaba a arquear la espalda.
    
    "Vamos, mi zorra, ábrete más," me ordenó.
    
    El cuarto dedo fue el umbral del dolor. Sentí cómo mis tejidos se estiraban hasta su límite, cómo el nudillo de su mano presionaba contra mi anillo resistente. Empujó, y sentí un desgarro agudo que me hizo gritar contra la almohada. Casi tenía toda la mano dentro, una protuberancia que me deformaba por dentro. La sensación era de una plenitud aterradora, de estar a punto de ser ...
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