1. LA FUMADORA


    Fecha: 17/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Tus Relatos Autor: Bruno, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    Para el prostituto, las páginas sociales son una herramienta óptima para encontrar clientas. 
    Este es el caso de la mujer voluminosa, de diminuto higo y  boca prominente.
    Nos encontramos esa noche en la casa de una amiga de ella. El departamento de soltera, un departamento bien puesto con algunos cuadros de hombres desnudos y esculturas de mujeres en sin ropa.
    Llego, cena, vino, y a los bifes. No le dio mucha vuelta a la cosa. Ella, una mujer de casi setenta años, muy fumadora y bebedora, con la voz bien potente, al estilo del Coco Basile. Se arrimó a mí, me dio un beso en la boca que me dejó temblando. Acto seguido metió mano en mi pantalón y sacó el tallo dulce para afuera. Comenzó a succionar. No era un mimo de esos dulces que te puede llegar a dar tu novia, cuidando de no hacerte doler, esta mujer, succionaba la punta del tallo junto con todo y bolsas de semillas, como si fuera que estuviera absorbiendo un trago frutal en un bar. Algo novedoso para mí y a decir verdad, raro. No me provocaba placer. En algún momento temí que se quedara con mi tallo, que me la  arrancada con su boca. Me vi agarrándome del respaldo de la silla porque me estaba haciendo doler, sin embargo, se me puso la piel algo más grande y gorda. Funcionaba la técnica.
    Al parecer, con esa forma de practicar sexo oral, la sangre llegaba al pene más rápido y tuve una erección. Se quitó el sostén, tenía un porte extraordinario, pechos de 120. No tenía cadera, su higuera enorme, de unos 130  más o ...
    ... menos. Blanca, tana de esas grandotas. Preciosa piel, tersa, sin ninguna arruga. Una belleza perla blanca.
    Yo que ya estaba vigoroso siempre que había una erección en estas circunstancias era bueno para ellas, aunque a mí, el hecho de tener erecciones, no era igual cuando hacía el amor con mi amor, porque ahí, llegaba a dimensiones muy enormes y el cosquilleo era genial. No era el caso cuando estaba con mis clientas. Si bien el tallo erguido era respetable, a veces no, el cosquilleo de la calentura nunca estaba, y por eso, las relaciones duraban mucho más. Ellas agradecidas, yo quedaba excitado. Cosa que se me pasaba al toque, ni bien terminaba el servicio.
    La señora seguía con sus mimos a lo que le sumó los pechos, una buena turca. E hizo algo que me terminó de encender: acariciaba mi perineo con la yema de los dedos, eso fue la gloria. Mi amorcito lo hacía todo el tiempo. Esta mujer, que tenía ruta, sabía cómo levantar un muerto. Y lo levantaba muy bien. Luego, nos fuimos a la cama de aquella casa de la amiga. Un dormitorio que era el escándalo del sexo. Cuadros y esculturas de mujeres y hombres desnudos. Un sillón de hotel en un rincón, la cama súper mullida. Un espectáculo. Ella me llevo agarrándome del tallo a la cama. Nos reíamos muchos. Luego se tiró en la cama. Y seguimos besándonos. Acto seguido yo comienzo acariciar su diminuto higo. Para mi sorpresa, la señora tenía la tela de su ropa interior metida en medio de sus labios y estaba totalmente depilada. 
    Le besé un ...
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