1. Mi escape ..


    Fecha: 23/02/2026, Categorías: Zoofilia Tus Relatos Autor: Luna, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X



    Me llamo Luna. Tengo veintitrés años, piel morena clara que se broncea fácilmente bajo el sol de Puebla, cabello negro largo y liso que me llega hasta la mitad de la espalda, ojos almendrados casi negros con pestañas espesas, labios carnosos que siempre pinto de rojo oscuro o burdeos intenso. Mido un metro setenta, complexión curvilínea pero atlética: cintura estrecha, caderas anchas, culo redondo y firme de tanto caminar y hacer sentadillas a escondidas en mi cuarto, pechos grandes y altos (talla 95D) que se desbordan fácilmente de cualquier brassier apretado. Mis piernas son largas y musculosas, con pantorrillas definidas que se marcan cuando uso tacones altos. Tengo un piercing diminuto en el ombligo y una pequeña cicatriz en el muslo izquierdo de una caída de niña, pero nada que quite lo suave y terso de mi piel. Siempre me cuido: depilación completa, uñas largas pintadas de negro o rojo, y un olor a vainilla y jazmín que dejo impregnado en todo lo que toco.
    Hace ya varias noches que me escapé de casa, huyendo de las reglas asfixiantes, de las miradas que me juzgaban y del silencio que me ahogaba en mi propia habitación. Aquella primera vez que crucé el umbral de esa casa abandonada en las afueras de Zinacatepec, llevaba el corazón en la garganta y el cuerpo temblando de adrenalina y anticipación. En mi mochila solo metí lo esencial: el brassier de látex negro brillante que me compré a escondidas en una tienda online, tan ajustado que me levanta los pechos hasta casi ...
    ... derramarlos y hace que mis pezones se marquen bajo el material reluciente; los shorts de mezclilla cortados a mano, tan diminutos que la tela rasgada apenas cubre la mitad de mis nalgas y deja ver el inicio del surco entre ellas; y los tacones de plataforma transparentes de quince centímetros que estilizan mis piernas interminables y hacen clic-clac contra cualquier superficie.
    Subí al segundo piso y entré en ese cuarto viejo y ruinoso. Las paredes descascaradas dejaban caer tiras de pintura como piel muerta, la ventana rota filtraba la luz fría de la luna sobre la cama hundida y manchada, y el aire olía a humedad, madera podrida y algo más… algo animal y potente. Me quité la ropa empapada por la lluvia despacio, sintiendo el frío erizarme la piel morena, endureciendo mis pezones bajo el látex recién puesto. Me coloqué frente al espejo rajado: el cabello negro pegado al cuello y a la cara por la humedad, los labios rojo oscuro brillando, el cuerpo reluciente como si me hubiera untado aceite en lugar de solo agua de lluvia. Mis curvas se veían exageradas bajo esa luz plateada: pechos desbordando el brassier, cintura marcada, caderas anchas y culo elevado por los tacones. Estaba lista.
    No estaba sola. Lo supe desde el instante en que entré. Un olor fuerte invadió el aire: tierra mojada, pelo húmedo, macho puro y dominante. Y entonces lo vi salir de las sombras del rincón. Se llamaba Rex. Un perro enorme, un pastor alemán negro puro con toques de pelaje más oscuro en el lomo, ...
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