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Mi escape ..
Fecha: 23/02/2026, Categorías: Zoofilia Tus Relatos Autor: Luna, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... casi del tamaño de un lobo, musculoso y ancho de pecho, patas fuertes, cola espesa y ojos amarillos que brillaban con una inteligencia salvaje y hambre cruda. Su pelaje estaba húmedo por la lluvia que se filtraba, pegado al cuerpo mostrando cada músculo tenso, y su respiración pesada hacía vibrar el suelo de madera astillada. No grité. No corrí. En cambio, me arrodillé sobre el colchón sucio, apoyé las manos en las sábanas rotas y levanté las caderas hacia él, arqueando la espalda para que mis nalgas se ofrecieran altas y redondas, los shorts tan cortos que ya se clavaban en la carne. “Rex… ven”, susurré, con la voz entrecortada por el miedo y el deseo que me quemaba el vientre. Se acercó despacio, sus patas haciendo crujir las tablas. Su hocico caliente rozó la parte trasera de mis muslos morenos, subiendo hasta el borde de los shorts. Su lengua —áspera, enorme, abrasadora— me recorrió de abajo hacia arriba en una pasada lenta que me arrancó un gemido ronco y profundo. Con un mordisco brutal rasgó la tela de mezclilla, dejando los shorts hechos jirones colgando de mis caderas, y siguió lamiendo profundo entre mis piernas, chupando mis jugos con una hambre animal que me hizo arquear más la espalda, clavar las uñas pintadas en el colchón y empujar mis caderas hacia su boca. Luego se montó sobre mí. Su peso pesado y caliente me aplastó contra la cama. El pelaje áspero y húmedo raspaba mi espalda morena, sus garras se clavaban ligeramente en mis caderas anchas sin romper la ...
... piel, y sentí su verga —gruesa, roja, palpitante, mucho más larga y ancha de lo que cualquier hombre podría tener— presionando contra mi entrada empapada. Goteaba precum caliente y espeso que caía sobre mis nalgas redondas y resbalaba por mis muslos temblorosos. Empujó de una sola vez. Grité, el dolor y el placer explotando al mismo tiempo mientras Rex me llenaba hasta el fondo, estirándome de forma brutal e imposible, llegando a lugares que nunca había sentido. Empezó a follarme con embestidas salvajes, sin compasión, sin ritmo humano. Cada golpe hacía que mis pechos grandes rebotaran dentro del látex apretado, que mis tacones transparentes se hundieran en el colchón, que la cama entera crujiera como si fuera a romperse. Su aliento caliente en mi nuca, gruñidos bajos y guturales que vibraban en todo mi cuerpo, sus bolas peludas y pesadas golpeando contra mi clítoris hinchado con cada embestida profunda. Me corrí una y otra vez. Cada orgasmo era más violento, más sucio, mis paredes contrayéndose alrededor de su grosor mientras mis jugos chorreaban por mis muslos morenos. Sentía su nudo hinchándose dentro de mí, atrapándome, impidiéndome moverme aunque hubiera querido escapar. Y no quería. Quería que Rex me usara, que me marcara como suya, que me dejara llena y goteando de él. Cuando se corrió, rugió y se clavó hasta el fondo. Eyaculó en chorros calientes y espesos que sentí golpear contra mi cervix, hinchando ligeramente mi vientre plano por la cantidad abrumadora. El nudo ...