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La historia de Ángel, solo era un muchacho (03)
Fecha: 06/04/2019, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
... fuerza. La casa de Eduardo estaba situada en una avenida arbolada y con pocas casas, todas ellas rodeadas de altos muros, pasamos algunos grupos de casas más pequeñas y urbanizaciones de vecinos antes de llegar a una carretera de costa, casitas y pequeños núcleos urbanos salpicaban el camino, no podía centrarme en los lugares que veía, todo pasaba muy rápido, y me abrazaba a su cintura temiendo caer en cualquier curva o badén en los pasos de peatones. Subimos una pequeña loma y en la lejanía el mar se hizo presente, aparcó en un pequeño parking ocupado por una veintena de automóviles y comenzó a andar llevándome cogido de la mano. No sabía a donde se dirigía hasta que tuvimos delante unas escaleras que bajaban a un conjunto de edificaciones. Estaban a distintos niveles, unidas por pasos estrechos aprovechando las cavidades en la ladera para sostenerse. Nos sentamos en una de aquellas pequeñas terrazas y enseguida apareció un camarero. -¿Qué quieres tomar? … -pedimos las consumiciones y me llevó al borde de la terraza para enseñarme el paisaje. Lo que se veía era idílico a pesar de la ligera bruma que salía del mar, algunas velas triángulares de pequeños barcos de pescadores, salpicaban el azul del agua, y aún permanecían algunas personas en los arenales debajo de nosotros, haciendo ejercicios o jugando. No hablábamos, y solo miraba admirado el inmenso espacio, libre de muros y puertas que me privaran de libertad, aspiré el aire con un suspiro. -¿Qué ...
... te parece? -me apretó la cintura con el brazo y colocó la mano en mi cadera. -Grandioso. -sujeté su mano con la mía y se la apreté. El camarero había llegado con las bebidas y Pablo sacó dinero para pagarle mientras nos sentábamos. Había pedido un batido de chocolate caliente y él una cerveza sin alcohol, comenzaba a refrescar y la ligera brisa marina aumentaba la sensación de frío, agradecí el calor que me llegaba de vaso con el batido y lo encerré entre las manos para llevarlo a la boca. -Espera, espera. -Pablo me puso un dedo sobre el labio superior. -Te has dejado bigote con el chocolate. -arrancó a reír y se llevó el dedo a la boca para chuparlo. -Está muy dulce. -el sentir su risa me animo a confesarme, para dejar de reprocharme lo de anoche. -Anoche te seguí cuando fuiste a la habitación de Ana María, lo siento Pablo, se que estuvo mal, escuché tus pisadas y no pude resistir la curiosidad. Esperé alguna palabra de su parte, para bien o para mal, solamente me miraba sin pestañear y siguió bebiendo su cerveza. -No pasa nada, tómate el batido, nos marchamos, Erico nos espera. Pablo no tuvo problemas para poder acceder a la casa de Erico, llevaba la llave de la puerta del jardín y entramos. Esta casa y el jardín no era como la de Eduardo, resultaba más pequeña, pero así y todo impresionante. Un gran arco de entrada en ladrillo rojo, sostenía el porche de acceso. Apretó un timbre situado al lado de la puerta izquierda y esperamos. -Ahí vivíamos ...