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Un triángulo en el ocaso
Fecha: 26/03/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Vergamorcilla, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Maria Inés era la esposa perfecta para la foto. 24 años, virgen hasta la noche de bodas (técnicamente), Opus Dei hasta la médula, faldas hasta la rodilla, blusa abotonada hasta el cuello y una cruz de oro que le colgaba entre dos tetitas pequeñas y firmes que nunca habían visto la luz del sol. En la cama conmigo solo misionero: piernas abiertas lo justo, ojos cerrados, boca apretada rezando bajito “Ave María purísima…” mientras yo empujaba. Ni gemía, ni se movía, ni me tocaba. Cuando terminaba, se limpiaba con una toallita húmeda como si hubiera cometido un pecado y me decía con voz dulce: —Gracias, amor… que Dios nos bendiga por cumplir con el deber conyugal y traer un hijo de Cristo al mundo. Yo le sonreía como buen marido conservador, pero en mi cabeza solo pensaba en Doña Norma, mi paciente de 93 años, la Da Vinci de la mema, desdentada, con Parkinson y su mariposa 🦋 peluda gris Pero había alguien más en este triángulo del ocaso: Olga. Olga era la hermana mayor de Maria Inés, 31 años, soltera, también Opus Dei… pero con una grieta. Trabajaba de contadora en una empresa de importación y tenía un secreto que solo yo conocía: los sábados por la mañana se escapaba a la feria grande del Cerrito. Ahí, entre cajones de fruta y olor a tierra mojada, se arrodillaba detrás de la carpa de los feriantes y les mamaba la verga a los tipos que vendían bananas, manzanas y sandías. Les chupaba como una puta profesional: sin vergüenza, con ganas, tragándose la leche de ...
... hombres sudados que olían a trabajo y a vino barato. Después volvía a casa, se lavaba la boca con agua bendita y se sentaba a rezar el rosario con su hermana como si nada. Eusebio Manuel era yo. El marido conservador, el médico joven, el que en público defendía la familia tradicional y en privado iba todos los viernes al asilo a que siete viejas me llenaran la boca de culo y concha y me cabalgan con sus viejas cajetas peludas, grises y profundas El triángulo se cerró un sábado de octubre. Maria Inés había ido a un retiro espiritual de fin de semana con el Opus Dei. Yo me quedé solo en casa. Olga vino a darme una mema, digo una mano con una DJ de la impositiva de la clínica. Apenas entró, supe que no venía por papeles. Tenía la mirada baja, pero las mejillas rojas y la respiración agitada. —Eusebio… —me dijo bajito, cerrando la puerta—. Sé lo que hacés los viernes. Mi hermana me contó que vas al asilo y fornicas con ancianas libertinas yo… yo también tengo mis secretos. . No dije nada, solo sentí que la pija se despertaba. Olga se arrodilló frente a mí como lo hacía con los feriantes. Me bajó el pantalón, me sacó la pija (todavía medio blanda) y se la metió en la boca sin preámbulos. Chupaba con hambre, con la misma técnica que usaba los sábados: lengua rápida, succión fuerte, baba abundante, masajes en los huevos Me miró desde abajo con ojos culpables y excitados y murmuró: —Mi hermana solo te da misionero y reza… yo te voy a dar lo que ella nunca ...