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Un triángulo en el ocaso
Fecha: 26/03/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Vergamorcilla, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... te va a dar. Me chupó hasta que estuve duro como piedra. Después se levantó, se subió la falda Opus Dei hasta la cintura, se bajó las bragas blancas de algodón y se inclinó sobre la mesa del comedor. Su concha era lampiña, rosada, apretada… pero ya mojada. —Cogeme, cuñado… como no cogés a mi hermana, dame verga como una puta de feria. La penetré de un solo empujón. Olga gimió fuerte, sin rezos, sin pudor. Se movía hacia atrás, clavándose ella misma, pidiéndome más fuerte. Mientras la cogía, le metí dos dedos en el orto y ella se corrió casi al instante, temblando y apretándome la pija con su concha virgen de marido. Cuando me corrí adentro de ella, Olga se dio vuelta, se arrodilló de nuevo y me limpió la pija con la boca, tragándose todo lo que había salido de su propia concha. —Esto es lo que hacemos las dos hermanas —me dijo con la boca sucia—. Ella reza y te da misionero. Yo te doy lo que ella no se atreve. Desde esa noche el triángulo quedó sellado. Los viernes yo iba al asilo con Doña Norma, mi verdadera esposa. Me dejaba doblado con su mariposa X peluda gris, me chupaba sin dientes con su boca temblorosa por el Parkinson, me llenaba la barba de crema espesa y me llamaba “marido” mientras me vibraba todo el cuerpo. Los sábados Olga venía a casa cuando Maria Inés estaba en misa o en retiro. Se arrodillaba como una puta de feria y me mamaba la ...
... verga con la misma hambre con la que se la mamaba a los feriantes. Después se inclinaba sobre la mesa y me pedía que la cogiera fuerte, sin misionero, sin rezos, sin piedad. Y los domingos Maria Inés volvía con su carita de santa, se acostaba en la cama matrimonial y me daba su misionero frío, rezando bajito mientras yo empujaba y pensaba en las dos: en la boca sin dientes de Norma y en la boca puta de Olga. Un triángulo en el ocaso. Maria Inés: la esposa frígida, virgen técnica, Opus Dei, que solo abre las piernas para cumplir con Dios y me da misionero mientras reza. Olga: la cuñada puta, que los sábados mama vergas de feriantes y los domingos viene a que su cuñado la coja fuerte sobre la mesa del comedor. Yo: Eusebio Manuel, el marido conservador de día, el animal degenerado de noche, casado con una diosa polaca de 93 años que me chupa sin dientes y me deja doblado con su fruta madura todos los viernes. Tres personas. Tres mentiras. Un solo derrotero de mierda sin final feliz. Y yo… yo sigo feliz. Porque aunque María Inés solo me dé misionero y rezos, aunque Olga solo me dé mamadas de feria y cogidas rápidas, la verdadera fruta madura, la mariposa X peluda gris, la Da Vinci de la mema desdentada con Parkinson… esa me espera todos los viernes en el asilo. Y mientras los tres sigamos fingiendo, el triángulo sigue girando en el ocaso. Fin.