1. Tuve que vender a mi esposa Luz


    Fecha: 29/04/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: MrRape, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    Abigail estiró sus brazos tonificados por encima de la cabeza, sus músculos brillando por el sudor de la última serie de sentadillas. El gimnasio estaba casi vacío; el ajetreo habitual después del trabajo se había desvanecido hacía rato, sumándose al suave zumbido de las máquinas. Se secó la frente con el dorso de la mano, dejando una marca de sudor en su mejilla. La hora tardía significaba que tenía el lugar para ella sola, casi.
    
    Fernando limpiaba las elípticas, sus ojos se posaban en Abigail cada pocos segundos. Ya se había fijado en ella antes —de hecho, todo el mundo se fijaba en ella—, pero esa noche, algo en la forma en que su camiseta húmeda se ceñía a sus pechos y en cómo su trasero llenaba esos ajustados leggings le provocaba una erección. Era una diosa, y el sudor solo la hacía lucir aún más deliciosa.
    
    Abigail cogió su botella de agua y desenroscó la tapa con un suspiro. Dudó si ir a las duchas, pero lo descartó. Volver a casa sería más rápido, y el aire fresco de la noche podría aliviar el calor que irradiaba su piel. Además, la idea de estar a solas con sus propios pensamientos —o peor aún, con algún tipo espeluznante intentando ligar con ella— le daba escalofríos.
    
    Se echó la bolsa del gimnasio al hombro y se dirigió a la salida, contoneando las caderas de una forma que siempre atraía la mirada de los hombres. No se percató de que Fernando contuvo la respiración al pasar a su lado, ni de que sus dedos se movieron nerviosamente hacia el walkie-talkie que ...
    ... llevaba sujeto al cinturón.
    
    En el instante en que la puerta se cerró tras ella, la voz de Fernando resonó por el intercomunicador del gimnasio. "Caballeros, tenemos un problema. Abigail se va. Pónganse los trajes." Cuatro de sus guardaespaldas de mayor confianza —Rafael, Diego, Mateo y Javier— salieron de la trastienda con los ojos brillantes de expectación. Fernando no necesitaba dar explicaciones. Todos conocían a Abigail. Todos habían fantaseado con ella. Y esa noche, era suya.
    
    Abigail apenas llegó al callejón junto al gimnasio cuando una mano le tapó la boca. Se retorció, su bolso se le resbaló del hombro mientras la arrastraban hacia atrás, adentrándose en las sombras. Antes de que pudiera gritar, otra mano le agarró la muñeca, retorciéndosela dolorosamente a la espalda.
    
    "Shh, *mi amor*", susurró Fernando al oído, su aliento caliente contra su cuello. "No debiste haberte ido así. No sabiendo cuánto te deseo". El corazón de Abigail latía con fuerza contra sus costillas. Pateó, sus zapatillas impactando contra algo sólido: Rafael, quien gruñó pero no aflojó el agarre.
    
    Diego le sujetó la otra muñeca, inmovilizándole los brazos mientras los dedos de Fernando se deslizaban bajo la cintura de sus mallas. "Qué culito tan apretado", murmuró, apretándole la piel con tanta fuerza que le dejó moretones. "He estado soñando con esto".
    
    Antes de que pudiera protestar, él le bajó los leggings hasta las caderas, dejando al descubierto su coño desnudo y brillante al aire ...
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