1. La fiesta en casa de Ingrid: al día siguiente


    Fecha: 09/05/2026, Categorías: Sexo en Grupo Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... su polla. Ingrid se había volteado, a cuatro patas, y Mateo la penetraba por detrás, sus huevos golpeando su clítoris.
    El timbre sonó otra vez.
    Ingrid se detuvo un segundo, miró hacia la puerta, pero siguió recibiéndolo a Mateo. Nadie iba a abrir. Todos estábamos ocupados. Yo tenía los dedos de Sebastián metidos en mi coño mientras Aoi chupaba su polla; Yuki cabalgaba a Ricardo; Mateo follaba a Ingrid en el suelo.
    El timbre insistió. Luego se oyó una voz desde afuera: —¡Steph! ¡Sé que estás ahí!
    Mi hermano. Miguel.
    Suspiré. Los muy idiotas le habían avisado. Sebastián me miró, riéndose, su polla aún en la boca de Aoi. —¿Lo dejamos entrar? —preguntó.
    —Déjalo —dije, apartándome. Me levanté, ajusté mi vestido manchado, y fui a la puerta. Abrí.
    Miguel estaba ahí, treinta años, el mismo pelo oscuro que yo, una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba una camisa ligera y jeans, y olía a perfume caro.
    —¿Qué haces aquí? —le pregunté, con los brazos cruzados.
    —Ricardo me invitó, pero no sabía que estabas tú, hermanita. ¿Me vas a dejar afuera?
    Antes de que pudiera responder, vi por el rabillo del ojo a Yuki y Aoi que se habían acercado. Yuki, desnuda, con el cuerpo sudado, miró a Miguel de arriba abajo. Aoi, también desnuda, con el coño hinchado, sonrió.
    —Es lindo —dijo Yuki en su inglés acentuado.
    —Mucho lindo —confirmó Aoi.
    Miguel las miró, sus ojos abriéndose al ver a las dos japonesas desnudas, a Ingrid en el suelo con el culo al aire, a mí medio vestida. Tragó ...
    ... saliva.
    —Pasa —dije, cediendo—. Pero no te quejes después.
    Entró, y en un minuto ya estaba sentado en el sofá, con Yuki en su regazo y Aoi besándole el cuello. Yo me quedé de pie, viendo cómo las japonesas lo desvestían. Ricardo había vuelto a follar a Yuki mientras ella besaba a Miguel; ahora era una coreografía de cuatro cuerpos: Miguel recibiendo una mamada de Aoi mientras Yuki se sentaba en su cara y Ricardo la penetraba por detrás. Mateo seguía con Ingrid, ahora en el borde de la mesa. Sebastián vino hacia mí, me tomó de la mano y me llevó a la cocina. Me puso contra la encimera, levantó mi vestido, y metió su polla en mi coño de un golpe.
    Gemí fuerte. Desde la sala llegaban los ruidos: los gemidos agudos de Yuki, los gruñidos de Miguel, los gritos de Ingrid cuando Mateo se vino dentro de ella, y Aoi pidiendo "more, more" mientras se montaba en la polla de Ricardo.
    Sebastián me embistió contra la encimera hasta que sentí que mi coño se encogía alrededor de su polla, y me corrí, apretándolo, mientras él se venía dentro de mí, caliente y espeso.
    Después, cuando todos estábamos tirados por la sala, Miguel tenía a Yuki acurrucada en un costado, a Aoi en el otro. Me miró y sonrió.
    —Esta noche no la olvido, hermanita.
    —Ni yo —respondí, mientras Ingrid me pasaba el whisky.
    A los treinta, cuando recuerdo esa tarde en casa de Ingrid, con mi hermano metido en medio de una orgía que yo misma armé, me río. Las japonesas tenían razón: era lindo. Y yo, Stephanie, la que sabe cobrar y ...