-
La primera vez que tuve sexo por dinero
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Confesiones Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Nunca había pensado que terminaría así cuando tomé el bus de Lima a Cusco ese verano. Tenía veinticinco años, necesitaba el dinero y el trabajo en el bar parecía sencillo. Atender turistas, servir tragos, limpiar mesas. Nada que no hubiera hecho antes. La dueña era... cómo decirlo sin sonar ridícula. Un mujerón. Tendría cuarenta y tantos, pero podía pasar por treinta fácil. El cabello negro largo, los ojos oscuros que parecían verte hasta el alma, un cuerpo que ni las poleras holgadas podían ocultar. Se llamaba Valeria, pero todos le decían "la patrona". La primera semana fue normal. Llegaba temprano, limpiaba las botellas, atendía con una sonrisa. Ella me observaba desde la barra, asintiendo de vez en cuando, sin decir mucho. Hasta que un jueves por la noche, cuando ya cerrábamos, me llamó a su oficina. —Has trabajado bien —dijo, sentándose frente a mí—. Eres rápida, los turistas te miran. Podrías ganar más. —¿Cómo? Sonrió de una manera que me hizo sentir las piernas débiles. —Atención especial. A los gringos les gustan las chicas latinas. Y hay clientes que pagan bien por compañía. No tienes que hacer nada que no quieras, pero... si te animas, yo te guío. Por ser tu primera vez, te acompaño. El corazón me latía fuerte. Sabía a qué se refería. En Cusco, esos arreglos no eran ningún secreto. —Nunca he hecho algo así —susurré. —Por eso estaré contigo —dijo, y su mano rozó mi rodilla—. No tengas miedo. Tres días después llegó él. Un alemán. Alto, ancho de ...
... hombros, el cabello rubio casi blanco y los ojos de un azul claro como el glaciar. Debía medir uno ochenta y cinco, con brazos fuertes y mandíbula cuadrada. Guapo. Muy guapo. Se sentó en la barra y pidió una cerveza. Valeria me guiñó un ojo. —Ese es —murmuró—. Se queda tres noches. Tiene buena pinta. Me acerqué a servirle. Hablaba español con acento duro pero simpático. Se llamaba Klaus, tenía treinta y dos años, trabajaba en construcción en Múnich. Me reí de sus chistes malos, le toqué el brazo cuando hablaba. Cosas que Valeria me había enseñado. A la medianoche, cuando el bar vació, Valeria cerró la puerta y caminó hacia nosotros. Klaus la miró subir las escaleras hacia el departamento de arriba, con esa cadencia que tenía ella, lenta, segura, provocativa. —Vamos —dijo ella, sin mirar atrás. Klaus me tomó la mano. Era grande, callosa. Me levanté y lo seguí. El cuarto de arriba era amplio, con una cama king-size y cortinas rojas. Valeria ya estaba desnuda cuando entramos. No pude evitar mirarla. Tenía los pechos grandes, caídos pero firmes aún, las caderas anchas, el vientre suave. Y ese lunar cerca de la boca sonriente. —¿Nerviosa? —me preguntó. Asentí. —Ven —dijo, tendiéndome la mano—. Primero yo. Klaus se quedó mirando mientras Valeria me desvestía lento. Sus dedos fueron desabrochando mi camisa, uno a uno, mientras sus labios besaban mi cuello. Yo temblaba. Nunca había estado con una mujer, pero su olor, su calor, la suavidad de su piel contra la mía... dejé de ...