1. La primera vez que tuve sexo por dinero


    Fecha: 13/05/2026, Categorías: Confesiones Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... pensar.
    Me tumbó en la cama, y empezó a besarme el pecho, el vientre, los muslos. Klaus se acercó, también desnudo. Vi su pene: no era enorme, quizás quince centímetros, pero grueso, y ya completamente duro. No podía dejar de mirarlo.
    Valeria se subió sobre mí, sus pechos rozando los míos, su boca encontrando la mía. Y luego sentí los labios de Klaus en mi nuca, sus manos grandes apretando mis caderas mientras Valeria me guiaba.
    La primera vez que él se vino fue rápido. No culpo, la vista era espectacular: ella cabalgándome, él entrándome por detrás, todos sudados, respirando fuerte. Klaus gimió, se tensó, y sentí su semen caliente dentro de mí. Valeria se rió suave.
    —Apenas empezamos, alemán —dijo, y lo empujó hacia la cama.
    La segunda vez fue más larga. Klaus se recuperó en minutos, como si tuviera una fuente inagotable. Esta vez Valeria se puso en cuatro, y él la penetró desde atrás mientras ella me besaba. Yo estaba al frente, sintiendo su lengua, sus dedos, mientras escuchaba sus gemidos mezclados con los de él.
    —Ven —me ordenó Valeria entre besos—. Siéntate en su cara.
    Me monté sobre su rostro, y él me devoró con hambre. Su lengua era hábil, precisa. Mientras, Valeria cabalgaba su pene, moviéndose rítmicamente, una diosa sudada y sonriente.
    Se vino dentro de ella, gimiendo su nombre. Valeria se estremeció también, aunque no sé si fue real o un regalo para él. Al soltarlo, su semen escurría por sus muslos.
    —Aún no termino —dijo Klaus, con su acento ...
    ... cortado.
    Sonreí. Ni yo.
    La tercera vez fue mía. Klaus yacía boca arriba, y Valeria me animó a montarlo. Dudé un segundo. Ella se puso detrás de mí, sus manos sobre mis caderas, su voz en mi oído.
    —Mueve así, despacio... sí, así. Agarra sus manos.
    Lo hice. Klaus me miraba con esos ojos de glaciar derritiéndose, sus dedos enredados en los míos. Valeria me besaba la espalda, me acariciaba los senos, susurraba cosas que me hacían arder.
    —¿Sientes cómo late? —preguntó—. Se está viniendo otra vez.
    Y lo sentí. Klaus se arqueó, gimió, y su calor llenándome otra vez. Yo también, por primera vez en esa noche, me dejé ir.
    Después vino lo práctico.
    Valeria se levantó con una calma absoluta, tomó la cartera del gringo que estaba en su pantalón y le mostró como sacaba los billetes verdes acordados. Contó despacio.
    —Setenta y cinco para ti —dijo, poniéndolos en mi mano—. Setenta y cinco para mí.
    Klaus se vistió rápido, un poco avergonzado, un poco orgulloso. Dijo algo sobre volver al día siguiente. Valeria sonrió, le dio un beso en la mejilla, y cerró la puerta tras él.
    El cuarto quedó en silencio. Yo estaba sentada en la cama, desnuda, los billetes apretados en el puño. No sabía si sentirme sucia o poderosa o las dos cosas juntas.
    Valeria se sentó a mi lado. No dijo nada. Solo me tomó la mano y la abrió, mirando los billetes.
    —La primera vez es la más dura —dijo al fin—. Pero lo hiciste bien. Muy bien.
    Y entonces se acercó.
    Sus labios encontraron los míos. Eran suaves, cálidos. ...