1. El Precio de Jugar


    Fecha: 18/05/2026, Categorías: Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... Llevo el uniforme puesto: la camiseta turquesa, el short negro, las rodilleras. Pero sé que en segundos estaré sin nada de la cintura para abajo.
    Me bajo el short sin que me lo pida. No llevo ropa interior —ya aprendí que es más rápido así—. Él mira mi coño depilado, reluciente bajo la luz amarilla del vestuario. Asiente, satisfecho. Luego agarra su polla y la apunta hacia mí.
    No hay juegos previos. No hay besos. No hay "¿cómo estás?".
    Solo mi boca rodeando su glande, mi lengua trabajando, mi mano izquierda sosteniendo la base mientras la derecha juega con sus bolas. Huele a tabaco y a orina vieja. Pero ya no me importa. Esto es un trámite.
    Hoy decido alargarlo un poco. Chupo despacio al principio, solo la cabeza, lamiendo el borde como si saboreara un helado. Siento cómo se tensa, cómo empuja su pelvis hacia adelante buscando más profundidad. Pero no se la doy. Sonrío para mí misma, aunque él no me ve la cara.
    —Más rápido —gruñe—. No tengo todo el día.
    Pero yo controlo el ritmo. Siempre lo controlo. Cuando quiero, acelero. Cuando quiero, freno. Y hoy quiero que termine rápido. Quiero ver esa cara de vergüenza otra vez.
    Así que, sin aviso, meto su polla entera en mi garganta. Relajo la faringe, dejo que el glande toque el fondo de mi boca, y empiezo a succionar como si quisiera arrancarle la leche a la fuerza. Mi mano izquierda aprieta la base en círculos, justo donde sé que es más sensible. Mi lengua presiona el frenillo, una y otra vez, como un ...
    ... martilleo.
    —Caralho, Stephanie, espera… —jadea, poniendo sus manos en mis hombros para apartarme.
    Pero soy más fuerte de lo que parece. Sostenida por la ira, por la rabia. No me muevo. Sigo, más rápido, más hondo, más sucio. Los sonidos son obscenos: chasquidos húmedos, glúteos, mi respiración forzada por la nariz. Y él, el grandote Vinícius, empieza a temblar.
    —Não… ainda não… —suplica, con la voz quebrada.
    Demasiado tarde. Siento cómo se hincha, cómo late, cómo el semen caliente dispara contra el fondo de mi garganta. No me aparto. Lo dejo vaciarse entero, sintiendo cada chorro. Luego me levanto, con la boca llena, y voy al lavamanos a escupir.
    Lo miro por el espejo. Está desplomado en la banca, la polla goteando, la cabeza colgando entre los hombros. Su cara es una máscara de humillación. Los ojos, vidriosos. La respiración, agitada.
    —Una —digo, limpiándome la boca con el dorso de la mano—. ¿O necesitas que te ayude con la segunda?
    Él levanta la cabeza, y por un segundo veo odio puro en sus ojos. Pero sabe que no puede decir nada. Si se queja, si me castiga, tendría que explicar por qué. Así que asiente, derrotado, y empieza a masturbarse para recuperar la erección.
    Me siento en la banca de enfrente, abro las piernas, y me toco mientras lo veo. Mi coño está mojado —no de deseo, sino de adrenalina, de victoria—. Me corro en segundos, apretando los muslos, mordiendo mi labio para no gemir demasiado fuerte. Él me mira, y sé que lo excita. Que odia excitarse tan rápido. Pero no puede ...