1. El Precio de Jugar


    Fecha: 18/05/2026, Categorías: Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    ... evitarlo.
    Para cuando su polla está dura otra vez, ya estoy lista. Camino hacia él, me siento sobre su regazo sin más, y lo guío hacia mi entrada. Se hunde en mí con un gemido que es puro placer, y yo empujo mis caderas hacia abajo para recibirlo entero.
    —Muévete —le ordeno.
    Y él obedece. Porque en esos minutos, dentro de mi coño caliente, soy yo quien manda. Sus manos callosas se clavan en mis caderas mientras él empuja hacia arriba, tratando de durar, de controlar. Pero mis paredes vaginales lo aprietan, lo succionan, lo exprimen sin piedad.
    Cuando siento que está cerca, acelero el ritmo. Subo y bajo como un pistón, con los pechos saltando dentro de la camiseta turquesa. Mi respiración se acelera, no de placer sino de poder. Y él, el gran Vinícius, se deshace.
    —Me voy a venir… —gime, con la cara enterrada en mi hombro.
    Y se corre. Por segunda vez. Con un gemido que parece un lamento.
    Me quedo sentada sobre él un par de segundos más, sintiendo su semen caliente llenarme por dentro. Luego me levanto, voy al baño, me limpio con papel higiénico. Cuando vuelvo, él ya está vestido, aunque con la cara todavía roja.
    —Primer set en diez minutos —dice, sin mirarme—. Estás alineada.
    Sonrío. No una sonrisa amable. Una sonrisa de guerra.
    Salto a la cancha con las piernas temblorosas, el uniforme impecable, el coño aún húmedo. El público aplaude. Mis compañeras no saben nada. Creen que llego temprano para concentrarme.
    Pero yo sé la verdad. Cada punto que anoto, cada remate que clavo en el suelo contrario, cada grito de victoria, es también un putazo contra Vinícius. Porque él puede tener mi cuerpo antes del partido, pero después, en la cancha, el control es mío.
    Y mientras veo su cara desde la red, pálida, sudando nervios, con los ojos clavados en mí como si quisiera devorarme, levanto el brazo para el saque.
    La liga peruana de vóley es una mierda. Pero yo aprendí a jugar sus reglas. Y a ganar.
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