-
Cornudo en Cancún: La Puta de Mi Mujer y Mi Mejor Amigo
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: Tedros, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Se llamaba Laura. Veintiocho años, cuerpo de infarto y una cara que parecía sacada de un anuncio de lujo. Yo me llamo Roberto, tengo cincuenta y dos, una buena panza de ejecutivo, pelo canoso y una cuenta bancaria que me permitía darme estos caprichos. La había conquistado con dinero, regalos y la seguridad de un hombre que sabe lo que quiere. O eso creía yo. Llegamos al hotel todo incluido en Cancún un jueves por la tarde. El sol todavía pegaba fuerte cuando el taxi nos dejó en la entrada. Laura llevaba un vestidito corto blanco que apenas le cubría el culo y unas sandalias de tacón que hacían que sus piernas parecieran eternas. Yo sudaba ya con la camisa pegada al cuerpo. —Qué calor, ¿no? —dije, dándole una palmada fuerte en el culo delante del botones—. Pero tranquila, cariño, que aquí te voy a follar como Dios manda todas las noches. Laura sonrió con esa sonrisita que nunca supe si era de verdad o de compromiso. Yo pensé que era de ganas. Nos dieron una suite junior con vista al mar. Apenas entramos, tiré las maletas a un lado y la empujé contra la pared. —Ven aquí, puta mía —gruñí, subiéndole el vestido—. Llevo todo el vuelo pensando en este coño. Laura separó las piernas sin decir mucho. Me bajé el pantalón, saqué mi polla ya medio dura y se la metí de un empujón. Estaba seca, pero no me importó. Empujé un par de veces hasta que se mojó un poco. Me corrí rápido, como siempre. Cinco minutos y ya estaba jadeando contra su cuello. —Joder, qué bueno estás, mi amor ...
... —mintió ella, acariciándome la espalda. Esa misma noche bajamos a cenar al restaurante principal. Y ahí estaba él: Miguel, mi viejo amigo de la universidad. Cincuenta y cuatro años, pero el cabrón se mantenía en forma. Alto, moreno, con esa barba de tres días que a las mujeres les gusta y unos brazos que parecían de gimnasio. Venía solo. —¡Hijo de puta! —grité, dándole un abrazo—. ¿Qué haces aquí? —Vacaciones, carnal. Necesitaba desconectar —respondió, pero sus ojos ya se habían clavado en Laura. Se la presenté como “mi esposa”. Miguel le dio la mano, pero la miró de arriba abajo sin disimulo. Laura se sonrojó un poco, pero no apartó la mirada. Esa noche bebimos bastante. Yo me puse pedo rápido, como siempre. Miguel seguía sobrio, contando chistes y haciendo reír a Laura. Yo me reía también, pero por dentro pensaba: “Mírala, es mía. Tú solo puedes mirar”. Al día siguiente quedamos en la piscina. Laura apareció con el bikini rosa diminuto que le había comprado. Las tetas casi se le salían por los lados y la parte de abajo se le metía entre las nalgas. Yo me senté en una tumbona con una cerveza en la mano, orgulloso de exhibir mi trofeo. Miguel se acercó y me dio una palmada en la espalda. —Joder, Roberto… qué mujer tienes. —Lo sé, carnal. Y es toda mía —respondí, riéndome como un idiota. Laura se metió al agua. Miguel no tardó en seguirla. Yo me quedé medio dormido en la tumbona. Desde ahí los veía: hablaban, se reían, él le pasaba crema en la espalda. Cuando ella se ...