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Una aventura que acabó mal
Fecha: 04/07/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Desde el momento en que Johann entró a la oficina, mi mundo se tambaleó. Yo estoy acostumbrada a Martín; lo quiero, pero Martín es un hombre sencillo, bajito, con esa pancita blanda que siempre acaricio, pero que ya no me despierta ningún fuego. Y luego llegó él. Johann. Un espécimen de 1.90 metros, piel bronceada por el surf, hombros anchos y esa actitud de pituco arrogante que, en lugar de molestarme, me ponía los pezones erectos bajo la blusa. Él es licenciado de la Pacífico, yo de San Marcos. Él es el mundo del dinero y el deporte; yo soy la chica de origen humilde que se esforzó por llegar donde está. Me sentía pequeña a su lado, pero a la vez deseada. Mis curvas —mis pechos de 90 y mi trasero de 98— parecían cobrar vida cada vez que él me miraba con esa sonrisa depredadora. El día que me convenció de ir a su departamento, estábamos en un bar después del trabajo. Sentía su mano caliente apretando mi muslo, subiendo peligrosamente hacia mi entrepierna. —Vamos a mi casa, Stephanie. Solo a tomar una copa más, tranquilos —me susurró al oído, y sentí un escalofrío recorrerme la espalda. —No sé, Johann... no creo que sea buena idea —le dije, aunque mi cuerpo gritaba que sí. Me mentí a mí misma, diciéndome que yo tenía el control, que podía ir y que no pasaría nada. —Está bien, pero prométeme que no haremos nada. ¿Te portarás bien, sí Johanncito?. Él sonrió, sabiendo que estaba mintiendo. En cuanto cerramos la puerta de su departamento, la promesa se evaporó. Johann me ...
... tomó del rostro y me besó con un hambre que Martín jamás había tenido. Me empujó contra la pared y empezó a desvestirme con urgencia. Cuando se bajó los pantalones, me quedé sin aliento. Jamás había visto algo así. Era un monstruo, un pene enorme, grueso y venoso de unos 25 centímetros que parecía no caber en su cuerpo. Solo recordaba haber visto algo parecido en un video porno que Martín me obligó a ver una vez, pero tenerlo enfrente era aterrador y excitante. —¡Dios mío! ¡Es demasiado grande! —exclamé, asustada. Traté de masturbarlo, pero mis dedos eran torpes, no sabía cómo manejar semejante tamaño. Mis manos apenas podían rodear el grosor de su miembro. Él soltó un gruñido y, sin más preámbulos, me obligó a ponerme en cuatro sobre la cama. —¡Johann, espera! ¡No puedes entrar ahí! —protesté mientras sentía la punta de su cock presionando mi entrada. Él no escuchó. Empujó con fuerza y sentí cómo me abría por completo. El dolor fue agudo, una sensación de plenitud extrema que me hizo soltar un grito. —¡Es muy largo! ¡Me vas a romper! ¡Para, por favor! —gritaba yo, mientras él empezaba a embestirme con fuerza. Para Johann, mis quejas eran elogios. Cada vez que yo decía que era demasiado grande, él empujaba más profundo, golpeando mi cuello uterino con una violencia que me hacía arquear la espalda. Me azotaba el trasero con la mano, dejando marcas rojas en mi piel, mientras me follaba sin piedad en posición de perrito. No hubo besos, no hubo ternura; solo el sonido rítmico ...