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Follando frente a mi enamorado
Fecha: 05/08/2026, Categorías: Infidelidad Tus Relatos Autor: VillaEgo, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Llevaba tres años con Martín y, aunque él siempre me decía que era perfecta, yo no me sentía así. Me miro al espejo y veo mis 74 kilos, mi panza que no termina de bajar a pesar de que empecé a ir al gimnasio, y me siento insegura. Pero tengo mis curvas, mis caderas de 98 centímetros y unas tetas medianas que Martín adora. Él es un hombre bueno, pero pequeño, mide 1.58m y es gordito, con un pene de 12 centímetros, y Martín, aunque me quiere, nunca llegó a llenarme del todo. Últimamente, en el gimnasio, no podía dejar de mirar a los chicos marcados. Sentía una curiosidad eléctrica por tocar esos músculos, por sentir la dureza de un cuerpo atlético. Soy tímida y fiel, jamás me hubiera atrevido a ligar con mi instructor, pero cuando Martín me insistió en hacer un trío y me dejó elegir entre tres opciones de Tinder, no lo dudé. Elegí al más guapo, al más alto, al más imponente. Así llegó Máximo al AirBnB. Cuando entró, me quedé sin aliento. Medía 1.90m, era blanco, guapo y estaba totalmente definido. Pero lo que me dejó en shock fue lo que vi cuando se desnudó: un pene de 25 centímetros, grueso y venoso, algo que solo había visto en las pornos que Martín me obligaba a ver. A pesar de que habían acordado que no habría besos, Máximo no siguió las reglas. En cuanto me vio, me tomó por la cintura, me levantó del suelo y me plantó un beso hambriento en la boca. Me sorprendió, pero respondí con desesperación; nunca había estado con alguien tan atractivo. Me tiró contra la cama con ...
... una fuerza que me excitó al instante. El "trío" terminó siendo un espectáculo para Martín. Máximo le ordenó que se quedara a un lado y que él entraría después, pero ese "después" nunca llegó. Martín se quedó sentado en una silla, temblando, asustado por el tono amenazante de Máximo, limitándose a traernos cosas. —¡Dios mío, es enorme! —grité mientras Máximo me abría las piernas. No hubo preliminares. Máximo se posicionó y, sin molestarse en ponerse un condón, empujó su enorme cabeza dentro de mi vagina. Solté un grito y no, no tuve mitad dolor y mitad placer, fue puro dolor durante varios minutos, aunque luego me acostumbré y recién varios minutos después me empezó a gustar. Me sentía completamente llena, estirada hasta el límite. Empezó a bombear con fuerza, llenando cada rincón de mi interior. Yo estaba fuera de mí, hablándole sin parar, gimiendo, tratando de besarlo a cada momento. —¡Me encanta, Máximo! ¡Lléname, por favor, lléname! —le rogaba, mientras intentaba atraer sus labios a los míos. Él me besaba a veces, aunque se notaba que él solo quería bombear, pero yo me sentía cariñosa, casi enamorada de la sensación. Martín nos miraba desde la silla, totalmente pasivo. En un momento de descanso, Martín se acercó tímidamente para traernos unos sándwiches. Comimos rápido, mientras Máximo me acariciaba el culo, y volvimos a la acción. Cuando Máximo llegó al clímax, me abrazó con fuerza y empezó a chuparme el cuello con pasión. Sentí cómo su pene palpitaba dentro de mí y ...