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Crónica del Aniquilamiento P2
Fecha: 25/08/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Haron2888, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
La primera orden, el tapón, fue la llave. Pero una llave no sirve de nada si no se usa para abrir una puerta. La puerta a mi apartamento se abrió un martes a las nueve de la noche. No fue él quien tocó. Fui yo quien le mandé un mensaje con un simple: "Estoy sola". La respuesta fue inmediata. "En 20 minutos. Quiero la puerta abierta. Arrodillada. Con el tapón puesto". Los siguientes veinte minutos fueron una eternidad de preparación ritual. Ducharme no era para limpiarme, era para preparar el lienzo. El agua caliente corría por mi piel mientras mis manos, temblorosas, se aseguraban de que cada centímetro estuviera impecable para él. Salí, me sequé con una toalla áspera y, frente al espejo del baño, cumplí la segunda parte de la orden. El tapón negro y frío esperaba en el borde del fregadero. Cogí el lubricante, el gel transparente y oloroso que se sentía como un pecado. Me unté una cantidad generosa, mis dedos se deslizaron sobre mi ano, preparándolo, ensanchándolo. La inserción fue un acto de violación propia. Un dolor agudo y profundo me recorrió cuando el ancho del tapón entró, estirándome, llenándome de una presencia que era a la vez mía y de él. Me puse de pie, mirándome en el espejo. Mi cuerpo parecía el mismo, pero me sentía diferente. Pesado. Poseído. Justo cuando el reloj marcaba las nueve y veinte, oí el click de la puerta abriéndose. Mi corazón se paró. Me arrodillé en el centro del salón, sobre la moqueta suave y marrón, las manos sobre mis muslos, la cabeza ...
... gacha. Escuché sus pasos. No eran rápidos. Eran lentos, deliberados, disfrutando del poder de mi sumisión. Se detuvo frente a mí. No dijo nada. Solo miró. Pude sentir su peso sobre mí, su mirada recorriendo mi espalda curvada. Pasó lo que pareció una hora. "Levanta la cabeza", ordenó, su voz un barítono bajo y grave. La obedecí. Él sostenía su móvil en la mano, grabándome. La lente del objetivo era un ojo frío que me juzgaba. "Abre la boca". La abrí. "Mete la lengua". La saqué, un trozo de carne húmeda y temblorosa ofrecida. "Vamos a empezar tu entrenamiento, perra". No me llevó al baño. Me llevó a la cocina. El suelo de baldosas frías le pareció más adecuado. Me ordenó acostarme boca arriba, con la cabeza justo encima del desagüe del fregadero. La posición era incómoda, forzaba mi cuello hacia atrás. "Abre bien la boca. Quiero ver tu garganta". Mis mandíbulas se abrieron, sintiéndose como si se descoyuntaran. Él se desabrochó el pantalón, sacó su verga, ya semi-erguida, y se posicionó sobre mí. El olor a su entrepierna, a su día de trabajo, llenó mi cabeza. "Si se derrama una sola gota, te la harás lamer del suelo, ¿entendido?". Asentí, un movimiento mínimo con la cabeza. El primer chorro fue cálido, sorprendentemente cálido. Me golpeó el paladar, salado, agrio. Me obligué a tragar, mi garganta trabajando febrilmente. El flujo continuó, llenándome, obligándome a tragar más y más rápido. Me salía por los lados de la boca, corriendo por mis mejillas, mis sienes. "Más ...