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Crónica del Aniquilamiento P2
Fecha: 25/08/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Haron2888, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... rápido", gruñó, y el flujo se intensificó. Empecé a ahogarme, a toser. "¡Trágala!". Con un esfuerzo supremo, controlé el reflejo y seguí tragando. Cuando terminó, mi cara era un desastre, empapada. "Ahora quédate así. Quiero que se seque". Se fue a salón, se sentó en el sofá y encendió la televisión. Yo me quedé allí, en el suelo frío de la cocina, sintiendo su orina secarse en mi piel, volviéndose pegajosa. El tiempo se detuvo. Podía oír las noticias de fondo, las risas de un programa de televisión. Yo no era persona. Era un objeto olvidado, un orinal de uso temporal. Y la humillación era tan profunda que se convirtió en un éxtasis ardiente. Una semana después, la siguiente prueba. Esta vez, no estábamos solos. "Viene un amigo. Quiere ver la obra de arte", me dijo por teléfono. La obra de arte. Yo. Cuando su amigo, un hombre corpulento llamado Marco con ojos de depredador, llegó, ya estaba preparado. Desnudo, temblando, en el centro del salón, sobre un plástico enorme y crujiente. "La posición es la misma, puta. Boca arriba. Brazos y piernas abiertas". Me acosté, mi piel de gallina por el miedo y la excitación. "Marco, te invito a contribuir", dijo Jorge con una sonrisa sádica. Marco se acercó primero. Se arrodilló a mi lado. Su jadeo era pesado. Me miró como si mirara un trozo de carne. Cerré los ojos. Sentí el ...
... calor de su semen en mi pecho, un golpe húmedo y caliente. Luego, otro chorro en mi estómago. Se levantó y se apartó. Ahora le tocaba a Jorge. Se arrodilló a mi cabeza. "Ábrela". Abrí la boca. Se corrió dentro, el líquido salado y denso golpeando el fondo de mi garganta. Me obligó a mantenerlo allí, a saborearlo, antes de tragar. Se turnaron durante lo que pareció una eternidad. Uno en mi pecho, otro en mi vientre, otro en mi muslo. No era sexo. Era una marcación. Estaban reclamando territorio. Mi piel desapareció bajo capas y capas de semen, que se mezclaba, se enfriaba y se volvía pegajosa. El olor era abrumador, denso, a cloro y a sal. "No te muevas", ordenó Jorge. "Hasta que esté completamente seco". El secado fue una agonía lenta. El aire acondicionado soplaba sobre mí, y la capa de fluidos se tensaba sobre mi piel, tirando de mis vellos, arrugándose sobre mis pezones. Me sentía como un fósil, una criatura prehistórica atrapada en ámbar. Cuando por fin Jorge se acercó y tocó mi pecho, la cáscara crujió. "Levántate". Me puse de pie con dificultad. La cáscara se agrietó y se desprendió, cayendo a mis pies en pedazos blancos y amarillentos. "Ahora, la obra de arte está completa", dijo con orgullo. "Recoge tu piel, perra". Me arrodillé y, con las manos, empecé a juntar los fragmentos secos de mi propia degradación.