1. Gran confianza entre hermanos


    Fecha: 13/09/2026, Categorías: Incesto Tus Relatos Autor: Marcos, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    El departamento quedaba en un cuarto piso sobre la avenida Corrientes, un viejo edificio de techos altos donde los colectivos hacían tiritar los vidrios a cualquier hora. Con los viejos casi siempre viajando por laburo o instalados en la costa, el lugar funcionaba como una república independiente gobernada por el caos y una heladera que rara vez tenía algo más que soda, birra y milanesas de dudosa procedencia.
    En la única habitación que compartían, los límites espaciales no existían. Las mochilas, las zapatillas embarradas del entrenamiento y los apuntes de la secundaria se amontonaban en un rincón sin dueño fijo. Ahí adentro vivían en bolas la mitad del año, se pasaban la ropa sin preguntar y entraban al baño mientras el otro se duchaba o se cepillaba los dientes, con esa naturalidad brutal que solo da el sincericidio absoluto de la hermandad.
    A los quince años, Lucas tenía la contextura común de cualquier pibe de su edad: un metro y medio largo, pelo revuelto que nunca veía un peine y una mezcla de timidez y viveza porteña. Pasaba las tardes tirado en la cama con la Play o mirando cómo Tadeo se armaba la rutina. Su hermano mayor, con diecinueve pirulos y un físico ya marcado por el gimnasio y las horas de pelota en el club, era el que ponía la cara ante el mundo exterior, aunque adentro del departamento las jerarquías se borraban y eran simplemente cómplices de una libertad que a esa edad parecía infinita.
    La total falta de pudor era la regla tácita. Entre las paredes ...
    ... de esa habitación, la ropa cumplía una función meramente opcional; y andar completamente desnudos después de bañarse, o simplemente para zafar del calor porteño, era tan natural como respirar. No existían las puertas cerradas ni las miradas de reojo.
    Para Lucas, esa naturalidad tenía, además, un componente de fascinación silenciosa. Con sus quince años recién cumplidos y en plena etapa de cambios, el cuerpo de Tadeo a los diecinueve era algo que no podía dejar de mirar con una mezcla genuina de respeto y admiración. Su hermano mayor era pura fibra: hombros anchos, el pecho marcado por las horas de fierros y constancia en el club, la espalda esculpida y las piernas fuertes de quien corre todo el día.
    Cuando Tadeo salía de la ducha con una toalla colgada de la cintura y las gotas cayéndole por el flequillo, o caminaba por el cuarto sin una prenda encima buscando algo para ponerse, Lucas lo observaba desde su cama. No había morbo, sino una especie de asombro por ese físico al que él mismo aspiraba a llegar en unos años, viendo en su hermano mayor el molde perfecto de lo que significaba convertirse en grande. Tadeo, por su parte, se movía con absoluta soltura, acostumbrado a esa complicidad a flor de piel donde su cuerpo desnudo era solo una parte más del paisaje cotidiano de la habitación compartida.
    La tarde caía sobre la avenida Corrientes y el calor del departamento se sentía pesado, pegajoso. Lucas abrió la puerta de calle, arrastrando los pies con la mochila colgada de un ...
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