1. Cuando mi cuerpo fue su premio y yo creí que era amor. Primera parte


    Fecha: 23/09/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Shanty, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X

    Desde muy chica aprendí a callar y obedecer. Eso llevaba tatuado dentro, y fue justo lo que él aprovechó.
     
    Todavía era pequeña, apenas empezaba a crecer, y mi cuerpo era distinto al de los demás niños: bajita, delgada, con curvas que no debían estar ahí. Mis caderas eran anchas, mis nalgas redondas y firmes, y cuando caminaba se notaba. Tenía el pelo un poco largo oscuro y suave. Mi cara no tenía nada de niño: ojos grandes y suaves, labios llenos, facciones delicadas. De frente dudaban, pero de espaldas nadie adivinaba lo que era. En la escuela se burlaban sin parar: "pareces niña", "camina como nena". Hasta mi tía me agarraba de las nalgas y decía: "si hubieras nacido vieja", todos andarían locos por ti". Yo me sentía mal, rara, como si estuviera mal existir así.
     
    Un día al salir del colegio, iba camindo yo sola, con la cabeza baja, cuando él me habló.
     
    Miguel era mayor, muy mayor: un poco más alto que yo, muy robusto, pesado, el pelo completamente blanco y la piel gruesa, manos grandes y ásperas. La cara siempre parecía seria, casi dura. No era guapo, pero su voz era suave cuando quería. Me gritó "señorita", y cuando le dije que era niño, pidió perdón enseguida, amable, tratando de hacerme platica. Me convenció de subir a la camioneta, después de dejarme en la parada del camión que me lleva a mi casa, me dijo que el podía recogerme en la escuela y acercarme a la parada, yo dije que si.
     
    Los primeros días fueron muy normales. Me recogía, me hablaba bonito. Pero ...
    ... poco a poco fue mostrando quién era: me tocaba la rodilla y la dejaba ahí, sin prisa, mirándome fijo; me tomaba la mano y la apretaba fuerte; a veces me acariciaba la mejilla despacio. Me daba vergüenza, pero me gustaba que lo hiciera. Por fin alguien no se burlaba.
     
    De pronto un viernes cuando subí a la camioneta me dio un regalo dentro de una bolsa, me pidió que lo guardara y lo abriera solo en mi casa, así me llevo a mi parada, pero antes de irse me tomó la cara con las dos manos, me acercó a él y me besó justo en la orilla de los labios, mirándome directo a los ojos:
    —Te quiero. Y se fue.
     
    Encerrada en mi cuarto abrí la caja: era un teléfono. Tenía un número guardado: el suyo. Sonó de inmediato.
     
    —Hola, espero que te haya gustado tu regalo —me dijo.
     
    Yo estaba confundida, pero emocionada:
    —Sí, está muy lindo, gracias.
     
    Y entonces me empezó a preguntar cosas, despacio, con voz suave, como si no quisiera asustarme. Y yo, que nunca nadie me había escuchado así, me solté del todo. En la plática me preguntó que si yo tenía un secreto. Y con la confianza que ya tenía con el, le conté lo que jamás le había dicho a nadie con tanta claridad:
     
    —Cuando estoy solo en mi cuarto, me pongo la ropa que dejó mi hermana: vestidos suaves que me quedan justo, faldas que se ajustan a mis caderas, blusas que me hacen sentir bonita, ropa interior delicada y tacones. Me paro frente al espejo y me miro… parezco una niña. Me muevo despacio, camino como creo que lo haría ella, y ...
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