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Cuando mi cuerpo fue su premio y yo creí que era amor. Segunda parte
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Shantall16, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
Todo el fin de semana no dejé de pensar en él. Me llamaba y me escribía sin parar, y en cada palabra me hacía sentir algo que nunca antes había sentido: que yo importaba. Me decía lo linda que era, y me hablaba de mi cuerpo como si fuera algo hermoso: de mi cintura, de mis caderas anchas, de mis nalgas redondas y firmes. Me dijo que no dejaba de imaginarme, que cada vez que cerraba los ojos me veía ahí, caminando recordando como se mueven, y que le parecía lo más bonito que había visto.Y todo sin exigir una respuesta a lo que me había pedido. Solo me llenó de halagos, de atención, fue hasta el domingo antes de colgar, con voz suave me dijo: —Mañana quiero saber qué pensaste, ¿sí? No tengas miedo. Solo quiero verte feliz, quiero hacerte feliz. Colgamos el teléfono y yo me quedé pensando. Nadie me había dicho algo así. Y desde ese momento, conté las horas una por una, esperando que amaneciera. Ese día desperté sintiendo que mi cuerpo ya no era solo mío. En la escuela no podía concentrarme; miraba el reloj una y otra vez, impaciente, y a la vez con un nudo frío en la panza. Mis amigos me notaron rara y me preguntaron si estaba bien. Yo solo les sonreí y dije que sí, guardando mi secreto bien adentro, como algo precioso que solo yo tenía. Cuando por fin salí, ahí estaba: la camioneta blanca, grande, esperándome. El corazón me dio un vuelco tan fuerte que dolió. Una parte de mí quería darme la vuelta y correr. Pero la otra… la que siempre se sintió diferente, la ...
... que necesitaba que alguien de diera atención de verdad, que le quisiera tal como era… esa parte fue más fuerte. Caminé hacia él con las piernas temblando, pero con el pecho lleno de algo parecido a esperanza. Subí a la camioneta, y el me recibió con esa sonrisa que me desarmaba. Me tomó las manos entre las suyas, grandes y cálidas, y me dijo que no había dejado de pensar en mí ni un segundo. Y me besó en la boca, despacio, como si me estuviera saboreando. Yo me dejé llevar del todo; y yo guié su mano hacia mi pierna, queriendo que me tocara, queriendo darle lo que él buscaba. Sus ojos brillaron, como si hubiera encontrado algo que llevaba toda la vida buscando. Arrancó la camioneta y nos fuimos platicando un rato, preguntándome cosas sobre aquellos encuentros con mis primos: qué sentía cuando me tocaban, qué me gustaba más. Mientras su mano se se aferraba en mi pierna, apretando despacio, subiendo poquito a poco. Yo me puse toda roja, sentía un calor que me recorría entera, algo que no sabía explicar pero que me hacía sentir viva. De pronto se detuvo en un lugar solo, bajo un árbol grande, donde nadie nos veía. —Vamos atrás, hay más espacio —me dijo bajito. Lo seguí sin dudar. Me ayudó a subir tomándome de mi cintura, pero no me soltó se quedó con la mirada fija viendo mis pompis, como si no quisiera soltarse nunca. Después subió y se sentó tan pegadito a mí que casi no había aire entre los dos. Me contó que estaba solo, que su esposa lo había dejado, que se ...