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Cuando mi cuerpo fue su premio y yo creí que era amor. Segunda parte
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Transexuales Tus Relatos Autor: Shantall16, Fuente: Relatos-Eroticos-Club-X
... sentía vacío… pero que desde el día que me vio por primera vez todo cambió. Me dijo que quería ser sincero, sin guardarse nada. Yo le dije que sí, que confiara en mí igual que yo confiaba en él. Entonces me dijo , mirándome fijo a los ojos, con la voz entrecortada: —La verdad… desde el primer segundo que te vi, no he podido sacarte de la cabeza. Cierro los ojos y te veo: veo como se mueven tus caderas ufff y esas nalgas grandes, redondas, perfectas… recuerdo como se veían tan apretadas en tu pantalón que se marcaba hasta tus calzones. Sabes rebotan bien rico cuando caminas… no te imaginas lo que me hacen sentir. Todas estas noches me he estado masturbando pensando solo en ti, en cómo te ves, en todo lo que me gustas. Me quedé callada, con la respiración detenida. No sentí asco, ni vergüenza… sentí algo más fuerte: me sentí deseada. Por fin alguien miraba lo que yo era y no se burlaba, no se reía. —Cuando me contaste lo de tus primos y la ropa que te pones —siguió diciendo—, supe que quiero ser yo quien te toque, quien te haga sentir mujer. ¿Entonces? ¿Me dejaras verte y tocarte como lo han hecho ellos? Yo no pude hablar. Los nervios me tenían atada la garganta. Solo asentí con la cabeza, despacio: que sí. Se me acercó de golpe y me besó, pero no fue un beso suave: me comió la boca, metió la lengua con hambre, mordió mis labios como si no pudiera saciarse. Sus manos me recorrían entera: la cintura, las caderas, bajando despacio, apretándome fuerte, como si ...
... quisiera grabar mi forma en sus manos para siempre. Yo no sabía qué hacer con las mías, así que me quedé quieta, dejando que él hiciera todo, dejándome llevar. Casi se me echó encima y me dijo, mirándome con esos ojos que me devoraban: —¿Puedo tocar tu culo? —Sí —le dije, casi sin voz. Sus manos bajaron de golpe y se aferraron fuerte, apretando una y otra vez por encima del pantalón: —Están perfectas… duras, bien formadas… tan hermosas… no me cansare de tocarlas, de mirarlas… Le voy a agradecerle a tu mamá por haber tenido una hembra tan linda como tú. Qué regalo me dio. Despues no supe en qué momento bajó el cierre de su pantalón. Solo sentí cuando tomó mi mano y la puso sobre algo caliente, grueso, que palpitaba: —Tócalo, mamita… soba mi verga con tus manitas… quiero sentirte a ti. Me quedé helada, sin saber cómo moverme. Pero él me guió despacio, apretando mi mano contra sí: —Así… arriba y abajo… más fuerte… hahaha que rico me lo aprietas, mi niña. Se recostó en el asiento y me ordenó con voz ronca: —Híncate. Tomalo con las dos manos. Lo hice. Lo apreté fuerte y lo moví como él quería, sintiendo cómo crecía entre mis manos: —Así, así wuau que buena eres… muévelo más rápido , más fuerte, así, asi… maldita perra… eres toda una hembra… me encantas. Esas palabras me recorrían entera. Nunca había tenido algo así en mis manos, nunca… pero no me desagradaba. Al contrario, me sentía poderosa: yo era la que le hacía sentir eso. Él sudaba, echaba ...